Dos postales

Hace unos días recibí simultáneamente dos postales; una de Álvaro y otra de Helena. Él había estado en Brasil y ella en Irlanda. En la era de los emails (ya nadie dice emilios, por cierto) me encantó detenerme en el detalle de las fotos para luego descifrar la caligrafía particular de cada uno.
Ahora mismo me cuesta imaginarme una relación de amistad por carta postal pero al recordar mi afición epistolar hace años me recorre un sentimiento de nostalgia. La sensación de doblar cinco o seis folios varias veces con una especie de bajorelieve a bolígrafo (los bic eran como cinceles) y meterlo en un sobre al que le costaba poder cerrarse significaba regalar mucho al destinatario; tu tiempo.
La postal participa de otra esencia, claro, la del «me acordé de ti» pero es otro regalo igual de preciado.


