Resumen de Viaje a San Francisco [un solo post largo]

Ayer volvimos de nuestro salto transoceánico, translingüístico y transcultural. Contrariamente a otras ocasiones, dejé la tarea de escribir el diario de viaje para el final con la esperanza de recordar lo más relevante.

Martes 8 de abril

Salimos de mañana en el vuelo de las 7.00 a Londres (Heathrow). Los enormes problemas que acompañaron a la apertura de la nueva Terminal 5 de ese aeropuerto aún coleaban y se unían a la resaca de una ventisca reciente. Podríamos habernos quedado sin (la) maleta pero al final llegamos prácticamente en hora y sin incidentes.

Waiting for departure

En Heathrow saqué esta foto de un viajero desconocido.

A la llegada a San Francisco nos montamos en una minivan previamente alquilada que nos llevó por carretera hasta el hotel donde nos hospedábamos, Chancellor Hotel, situado en el corazón mismo de San Francisco, en Union Square. El hotel era antiguo (o quizá, anticuado sería la palabra) y aunque la habitación era correcta, el baño suspendía. A todas luces, estábamos pagando por la localización.

Como siempre hacemos tras un vuelo muy largo, dormimos una siesta de una hora e intentamos recomponernos del jet lag dando un paseo. Éste nos condujo, como un excusa, hasta el edificio donde el fin de semana se celebraría el congreso de software libre. Parecía bastante moderno, con tiendas de libros o comics, restaurantes, dos de Sony, un cine IMAX, etc. De esta manera nos hicimos una idea de las distancias en los planos que teníamos.

Para cenar, fuimos a un lugar muy cerca del hotel que recreaba los años 50 (aunque se alargaba fácilmente hasta los 70, creo yo).

Abrazamos la cama felices poco después.

Miércoles 9 de abril

Tras desayunar diez veces más de lo habitual en un local próximo, nos fuimos directos a la Oficina de Turismo. Nos impresionó lo bien organizado que tenían todo; panfletos, números de teléfono, guías, ordenadores conectados a internet (unos iMacs seguramente donados por Apple), personal atento, etc.

Decidimos ir a Chinatown, que se encontraba al norte de Union Square y parecía un paseo cómodo. Lo fue, pero tras subir unas cuestas con pendientes de vértigo al inicio. Chinatown, nuestra primera Chinatown, nos dejó boquiabiertos. Aunque las zonas fronterizas parecían más locales turísticos, una vez te dejabas engullir por el barrio, dejabas de ver caras occidentales o escuchar lengua inglesa para ser testigo de una invasión contenida de chinos y letreros ininteligibles (por las semejanzas con la escritura japonesa supongo que Angela entendía algo pero no nos detuvimos a intentarlo). Chinos vendiendo en chino productos chinos a chinos. Creo que lo único que se escapaba al imperio rojo era el dólar, Si hubieran usado el Yuan, podrían haberse independizado fácilmente. Vimos chinos de todas las edades y la pirámode poblacional parecía bastante repartida. Probablemente aquéllos que hayan visitado Chinatown en Nueva York no se sorprendan pero en nuestro caso no había escapatoria.

Pasado Chinatown, más al norte, visitamos Fisherman’s Wharf. Es el barrio pesquero aunque también es el barrio de los “baycruises” turísticos, los yates locales y las tiendas de cámaras de fotos y suvenires.

Visitamos el famoso Pier 39 (Muelle 39) donde descansa una gran pandilla de leones marinos.

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Sin embargo, la verdadera atracción ese día no eran ellos, sino un cruce de manifestaciones entre activistas pro-Tibet y partidarios de China. El telón de fondo eran los juegos olímpicos, claro, y es que horas más tarde la antorcha olímpica iba a pasar por las calles de San Francisco, que tiene un 20% de población de origen chino, ahí es nada.

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Vimos avionestas con pancartas pro-China sobrevolando la zona. Tanto unos como otros hacían sonar instrumentos improvisados (los pro-China se apoyaban en tamborcitos regalados por Coca Cola). En fin, un pequeño espectáculo que fue motivo suficiente para posteriormente alterar el recorrido original de la antorcha y dejarlo en la mitad de relevos (relevistas compartiendo la antorcha, vaya bajonazo). Nos enteramos de esto último cuando comimos en un restaurante en el distrito gay de la ciudad, The Castro. Nos pareció una zona muy agradable aunque con demasiados locales new-age y espiritualidad barata basada en terapias “alternativas”, muy semejante a lo que vimos en Chinatown, por cierto, aunque sin el “new”, claro.

Para entonces, nos habíamos dado cuenta de que podías comer casi cualquier cosa; tortitas, bocadillos, hamburguesas, pescado, pasta, ensaladas, etc. Salvo excepciones, las raciones eran grandes y los precios, una vez hecha la conversión a euros, razonables.

Al volver de la zona gay, paramos en una tienda de comics por si veíamos algo curioso. Así fue y Angela no dudó en cargar con las primeras compras del viaje (Neil Gaiman, mainly). Sin embargo, fuimos testigos de algo más particular. Al parecer, los dueños de la tienda llevaban tiempo haciendo un experimento. Tenían bolsas de patatas fritas (estilo Matutano) que alguien había insistido en proveerles pero tras meditarlo, decidieron que no podían venderlas con tantos conservantes y colorantes así que, cada cierto tiempo, sacaban media docena y las colocaban encima de una papelera enfrente de la tienda. Después, cada uno apostaba por cuánto tiempo pasaría hasta que alguien las viera y se las llevara. Recuerdo que uno dijo diez minutos y la otra, ocho. La realidad fue que antes de llegar al primer minuto, un vagabundo las había hecho suyas. A ellos les pareció un récord pero a mí me pareció un tanto deprimente. De hecho, no recuerdo haber visto tantos sin-hogar como en San Francisco, pero volveré sobre ello más adelante.

Jueves 10 de abril

Nos depertamos pronto pero remoloneamos demasiado, nos pasa a menudo. En cualquier caso, fuimos andando de nuevo al Fisherman’s Wharf para alquilar un par de bicicletas y dedicar casi todo el día a pedalear. Fuimos recorriendo la costa hasta llegar al Golden Gate.

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Lo cruzamos y, mientras lo hacíamos, pudimos ver los famosos carteles cuyos destinatarios son los que están a punto de suicidarse (al parecer encuentran atractivo -y eficaz, supongo- ese lugar) en donde puede leerse “Si aún hay esperanza, llame al teléfono XXX”). Pasado el puente, seguimos hasta el pueblo de Sausalito, muy mono y con casas caras. Todo muy azul, muy verde o muy blanco. Quisimos parar en algún café y mientras ojeábamos la guía, un viandante quiso ayudarnos. La verdad es que no era la primera vez y desde que llegamos a San Francisco varias personas se habían mostrado hospitalarias de forma espontánea. Desafortunadamente, entendimos que el lugar al que se refería estaba más adelante (y no a diez metros, como vimos otro día) y como ahí las distancias son más largas pensamos que el buen hombre se podía estar refiriendo a un local que siempre se encontraba un poco más allá de nuestra posición. Después de media hora encima de la bici sin verlo, creo que captamos la idea. El caso es que nos encontrábamos en racha y ya no paramos hasta el puerto del Ferry, cinco horas más tarde. Durante el trayecto tuvimos dos conatos de lesión gorda (uno cada uno), ambos en una urbanización de lujo perteneciente al pueblo de Tiburon.

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En esa zona, la proporción conocida de chinos, hispanos y afroamericanos descendió bruscamente a niveles marginales.

En el ferry pudimos disfrutar de bonitas vistas de la ciudad con el permiso del indomable viento que golpeaba la cubierta superior. En más de una ocasión temí perder las gafas o la propia cámara de fotos mientras andaba en modo lapa por el suelo de madera.

Angel Island & San Francisco

Esta foto la tomó Angela y aunque no se ve el Golden Gate (a la derecha), queda curiosa la mezcla entre el parque natural de la Isla Angel y las construcciones de cemento de la ciudad.

Tras devolver las bicicletas fuimos a aplacar un hambre inmensa y elegimos un Hard Rock justo al lado del choque de manifestantes del día anterior. Como ya nos habían avisado, puedes desayunar, tener un brunch, comer, merendar o cenar a cualquier hora del día en casi cualquier casa de comidas. Así que a las 5 de la tarde pedimos la carta sin sentirnos incómodos. Antes de pedir, fui el baño y cuando estaba lavándome las manos, un tipo al que reconocí inmediatamente se me presentó, me señaló el logo de RedHat de mi camiseta, y me comentó que ese fin de semana se celebraba un evento de software libre y que quizá me interesaría.

Os podéis imaginar mi estupefacción. Le dije que no sólo lo sabía sino que había venido a eso y que sabía quién era él. Me preguntó de dónde venía y cuando respondí que de España se quedó impresionado. En fin, resulta que todo el equipo organizador había llegado esa mañana a San Francisco y habían visitado Alcatraz para terminar comiendo el mismo Hard Rock Café. Alguno se percató de mi camiseta cuando entré en el baño y uno de ellos se animó a hacer una incursión (un poco surrealista delante del resto de usuarios, por cierto) para comprobar si era uno de los muchos trabajadores de Sillicon Valley o algo…

Cuando Adam Sweet, así se llamaba el tipo, volvió conmigo hacia la mesa donde estaban todos los demás, hubo gritos de júbilo y aplausos. Hay que pensar que esta gente ha organizado varios de estos eventos pero siempre en Inglaterra, de donde son, y no tenían información fiable de qué número de asistentes finalmente aparecería. Así que encontrarse ya con uno dos días antes y enterarse de que en realidad eran dos (Angela vino al minuto siguiente) y encima ¡de España! les subió mucho la moral (al menos hasta que la dopamina bajó a niveles normales por el jet lag y el estrés pre-organización).

Se fueron al rato y nos dejaron un buen fajo de billetes para pagar la cuenta total y ahí es donde vimos un claro ejemplo del sistema lineal de propinas que tienen. Para grupos de más de 6 personas, incorporan directamente un 18% de propina en la nota, que en este caso ascendía a más de 40 dólares. Aparte de la enorme cantidad que eso suponía, se daban dos circunstancias “anti propina”:

  1. El importe de nuestras dos hamburguesas y bebidas alimentó a ese 18% cuando simplemente nos habíamos cambiado a esa mesa.
  2. Tardaron un siglo en atendernos una vez que nos hubimos cambiado de mesa.

Es decir, que no disfrutamos de ninguno de los beneficios del cambio de mesa en relación con la propina que tuvimos que abonar. Y, en cualquier caso, ¡44 dólares! Mi teoría es que en España y otros países asocias la propina a “un buen servicio” y aquí es algo más personal y relacionado con Fulanito que te atendió (así que si no dejas la propina es como quitarle la comida de la boca). En Japón es más fácil; no se deja propina, nunca.

Lo que quedaba de tarde la pasamos relajados en el hotel aunque Angela se enfadó muchísimo cuando intentó usar el servicio de Internet por televisión de la habitación. Probó a usarlo para escribir en su página web pero el pseudonavegador era birrioso y el sistema se desconectaba de vez en cuando (hay trazas de su enfado todavía).

Esa noche cenamos en un japonés, Maru Sushi, que nos gustó bastante a pesar de la pasión por el wasabi en el sushi que demostraron tener.

Viernes 11 de abril

Puesto que era el último día “a solas”, fuimos a visitar tiendas de libros, comics y electrónica. Un clásico, vamos. Angela compró una docena de comics, tres libros, un juego de PSP y, como guinda, un Sony eBook Reader (que funciona con Linux, por cierto, aunque es transparente para el usuario). Antes de comprar esto último, Angela inquirió directamente al vendedor por el tipo de DRM que podía “sufrir” el aparatito y aunque hay algo de ello, es prácticamente inexistente porque Sony está más centrada en vender el gadget que los libros en sí de forma que puede leer casi cualquier cosa infinitas veces.


Obviamente, tenemos pensado escribir una reseña de aquí a poco tiempo pero las primeras impresiones son muy positivas.

Tras estas compras “peligrosas” fuimos a dejarlo todo al hotel y andando, andando, llegamos a un restaurante italiano en la Avenida de Cristóbal Colón, dentro de lo que podríamos llamar zona italiana. El vino blanco californiano con el que acompañamos la comida se nos subió mucho más de lo esperado y creo que nos sentó mal porque seguimos mareados unas horas más. Afortunadamente, nos encontrábamos mejor cuando vimos a nuestros queridos amigos californianos, Taryn y Joe, de Sacramento, a quienes habíamos conocido en un evento semejante el año anterior en Wolverhampton, Inglaterra. Se hospedaron en el mismo hotel y Joe me trajo dos Asus eeePC que le había encargado y que servirán de premios para algún concurso que preparamos en la empresa en la que trabajo. Para el que no haya googleado aún, los Asus eeePC son unas monadas ultraportátiles con Linux extremadamente fácil de usar que han arrasado estas navidades en EE.UU.

Todos juntos nos fuimos a la fiesta previa al congreso, que se celebraba en una especie de bar de tapas inmenso, caro y ruidoso, the Thirsty Bear. Al llegar, empezamos nuestra labor de cazadores de nerds y geeks y finalmente encontramos un grupo eminentemente masculino con camisetas “del sector”. Les pregunté si “LugRadio” les decía algo y entre risas (quizá dijeron algo pero no les entendí) asintieron efusivamente mientras seguían tragando grog. Los cuatro nos integramos lo justo para estar en la zona convenida y nos pusimos a charlar y a ponernos al día. Hay que decir que Joe trabaja en Intel, desarrollando software que mide el uso energético de software (fundamentalmente, drivers de otros) para que puedas optimizarlos independientemente del sistema operativo que uses. Prácticamente todo su software será liberado en breve, incluido uno que emula una batería de portátil y su consumo a medida que usas el software a probar. Tras socializarnos un poco y saludar a los organizadores, mucho más relajados ahora viendo un panorama prometedor, nos despedimos para buscar un lugar en el que cenar. Preguntamos en el hotel y nos recomendaron uno que seguía abierto y que servía un poco de todo. Aprovechamos el momento para lanzarles media docena de preguntas que nos seguían intrigando desde que habíamos llegado: apenas se ven coches americanos, muchos homeless, funcionamiento de propinas, pocos obesos, etc. La respuesta a todas acabó siendo: es así sólo en San Francisco, que no casualmente coincide con el nombre de la web de turismo de San Francisco: Only in San Francisco. En resumen, que no podemos sacar conclusiones de lo que veamos en San Francisco aplicables a toda California y mucho menos a EE.UU.

Sábado 12 de abril

Nos fuimos al congreso pero llegamos demasiado pronto y decidimos desayunar en una tetería cercana, dentro de los Yerba Buena Gardens (está lleno de nombres hispanos).

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Cuando entramos, pregunté a los de recepción si había más visitantes de Europa y me confirmaron que sí. Efectivamente, esa tarde comprobamos que había venido un tipo hasta de Moscú. Que digo yo… qué ganas ¿no? Espero que hiciera como nosotros y aprovechara para quedarse unos días más.

El programa del congreso prometía bastante aunque de esto nunca hay que fiarse. No todos los que hablan de informática (o software libre) saben hablar bien. En ocasiones, ni siquiera titulan bien sus charlas y fomentan las decepciones (le pasó a Joe cuando fue a una de Power Management pero tenía que intentarlo).

Como casi todo lo patrocinaba Google, había puffs para medio tirarse y relajarse (ya sabéis, mandando mensajes subliminales). También patrocinaba Dice, una especie de tecnoempleo.com de allí, que te daba cerveza gratis si rellenabas un bonito formulario (por cierto, edad mínima para el alcohol: 21). Había puestos de O’Reilly, OpenSolaris, relacionados con OLPC, OpenSuse, EFF y unos cuantos más que no me sonaban mucho.

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En esta foto, Angela espera el comienzo de una charla mientras se dispone a escribir en su diario web con uno de los ASUS eeePC (quisimos comprobar que funcionaba, fundamentalmente).

Asistí a varias charlas, todas muy interesantes. La de Ian Murdock sobre OpenSolaris (es el Ian de Debian) fue excelente. Hubo otra sobresaliente sobre interfaces de usuario en software libre a cargo de un tipo de Mozilla. Otra chula versó sobre los diferentes sistemas de empaquetamiento de software (RPM, DEB, etc). También nos gustó “Women in Open Source” de una mujer comprometida con que dejara de llamar la atención ser mujer en el sector informático y, concretamente, en FOSS. Desconozco el número de asistentes pero había siempre tres conferencias a la vez y gente por los stands así que supongo que los organizadores (y patrocinadores) estaban contentos.

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Puesto que iba a escuchar y no tanto a hablar, no hice proselitismo ni de la empresa en donde estoy ni a qué me dedicaba aunque alguno hubo que preguntó y siempre salían conversaciones interesantes (el hecho de venir de España ayudaba un poco).

Como último acto del día, los organizadores hicieron un programa en vivo con todos nosotros de público. Reconozco que lo hacen muy bien, arrancándonos risotadas cada poco tiempo y siempre en una línea canalla, que es de agradecer y por lo que son el podcast número 1 sobre Linux y Software Libre, tengo entendido. En el concurso para ver quién había llegado desde más lejos, empataron el de Moscú, el de Kiev y el de Sydney (empezaron a calcular millas y lo dejaron por imposible aunque alguien del público gritaba incansable ¡Google Maps! ¡Google Maps!)

Aunque el público era mayoritariamente masculino, vi más mujeres de las que esperaba. Y no como acompañantes. De hecho, las dos representantes de Google eran mujeres.

Como había “party” por la noche (o sea, alcohol pagado por Google), nos retiramos los cuatro a cenar a un restaurante típico americano, según descubrieron nuestros improvisados anfitriones, debido al número tendiendo a infinito de gorras de beisbol sobre cabezas y cuerpos planetarios. Efectivamente, incluso el Fish & Chips parecía pollo a la barbacoa y nuestras hamburguesas no cabían en el plato. Además, en unas pantallas gigantes se podían seguir varios deportes a la vez, en directo o diferido. Taryn y Joe nos aseguraron que según nos alejáramos de San Francisco veríamos más y más sitios de este tipo.

Volvimos para la fiesta y resultó muy agradable. No lo he comentado antes pero hemos tenido mucha suerte con el tiempo estos días, superando fácilmente los 20 grados todos los días. Así, en una terraza, con unas cervezas californianas en la mano y escuchando conversaciones geeks a más no poder (por ejemplo, Miguel de Icaza a nuestras espaldas hablando de la tecnología Moonlight). De nuevo se presentaron algunos de los organizadores para agradecernos la visita y contarnos sus experiencias (inglesas) en San Francisco.

Tras agotar los vales de Google nos fuimos a buscar un café donde tomar algún postre (Taryn y Angela se mostraban muy entusiasmadas) pero era tan tarde, las 12 un sábado (sic), que al final nos rendimos.

Domingo 13 de abril

Viendo el programa, preferimos aprovechar la compañía de Taryn y Joe y nos condujeron a un parque pasado el Golden Gate llamado Muir Woods, que no se pronuncia Muuuiiir, sino Miiiuuur. Dicha esta tontería, lo importante es que se trataba de un pequeño bosque autóctono de árboles coníferos, del tipo secuoya. Al ser domingo, estaba lleno de gente pero una vez te adentrabas en alguno de los muchos recorridos posibles, desaparecían rápidamente de la vista.

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Como hacía bueno, disfrutamos muchísimo del largo paseo subiendo y bajando (igualito que en la ciudad, claro) e hicimos muchas fotos. Salvo por los árboles, claramente californianos, el resto se parecía mucho a lo que podríamos encontrar en Gredos y, mezclado con el olor cercano del océano pacífico, nos acercaba a la costa mediterránea. Sólo cuando recordábamos que estábamos a miles de kilómetros lejos de casa volvíamos la mirada extrañados al paisaje anormalmente familiar.

Muir Woods with Taryn & Joe

Después de un buen paseo procede una buena comida y así fue. En Sausalito la disfrutamos justo al lado del café que nos había recomendado el agradable lugareño unos días antes. Angela se atrevió con la supuesta hamburguesa de búfalo orgánico (todo muy orgánico últimamente en San Francisco, al parecer) y le pareció que la carne estaba muy tierna y sabrosa (por cierto, me está entrando hambre ahora sólo de imaginarlo).

Finalmente llegó el triste momento de despedirnos cuando nos dejaron en el hotel. Les conocemos sólo de dos congresos pero son encantadores, generosos con su tiempo y con una conversación muy interesante.

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Tras decirnos adiós, nos quedamos en el hotel un momento y después fuimos a una librería de la cadena Borders en donde Angela lo compró todo. No sólo eso, sino que además, durante el tiempo que yo estuve buscando algo de Dilbert, un italiano se le acercó e intentó ligar con ella. Con nulo éxito claro pero luego me reclamó entre risas socarronas que tenía que estar más tiempo a su lado para evitar esos incidentes, jum. También estuvimos dando vueltas por algunas tiendas más, intentando sin éxito encontrar algún encargo.

Finalmente, cenamos en un sitio mítico de Union Square, el Sears, fundado por un payaso de circo hace muchos años. Me gustaron mucho los carteles enmarcados en las paredes. La temática era común: reclutamiento de voluntarios durante la Segunda Guerra Mundial. Marineros despidiéndose de mujeres-azafatas y ese tipo de cosas. No era muy específico de este restaurante (los locales en San Francisco gustan de desplegar anuncios publicitarios con aire retro) pero pareció una buena colección. En la carta de menú del restautante tienen un espacio en donde te cuentan la historia del restautante y cómo los empleados que alguna vez lo han sido de él sienten un orgullo especial. Pensé que era la típica parrafada marketiniana pero justo esa noche entró una anciana de origen asiático que volvía, tras más de diez años, al restaurante en donde había trabajado. Ni que decir tiene que todos los empleados cedieron parte de su tiempo para charlar con ella y no le permitieron pagar la cuenta, agradeciendo su visita y haciéndole prometer que vendría más veces. Quién sabe, quizá fue por eso que esa noche el servicio fue un tanto mediocre, ignorándonos como si fuéramos invisibles. De todas formas, la calidad del servicio no es algo que nos llevaremos como positivo de San Francisco. Es lento, se confunde, se olvida de cosas y te obliga a dejar propina. Mala combinación, me parece a mí.

Lunes 14 de abril

Como nuestro vuelo no salía hasta las cinco de la tarde, nos dimos una vuelta larga andando por toda la zona de los muelles. Se notaba que hacía peor tiempo ya así que no nos podemos quejar.

Justo antes de irnos y animados por los mensajes en ese sentido del congreso, quisimos difundir la buena nueva del software libre. No se nos ocurrió nada mejor que envangelizar de verdad y colocamos un CD de Ubuntu 7.10 dentro de la típica biblia de los Gideons que hay en tantas habitaciones de hotel por el mundo (sobre todo, anglosajón).

Ubuntu CD inside the Gideon's bible

Lo que se refiere al viaje de vuelta en avión fue razonablemente bien. La pena fue que, al contrario que a la ida, esta vez sí nos perdieron la maleta grande (la única facturada). Nos temimos lo peor (destruida en la Terminal 5 de Heathrow) pero nos la trajeron hoy por la mañana en buenas condiciones. Ahí es donde descansaban quince kilos de libros y comics y, bueno, ropa.

Ya lo último que quedaba era publicar las fotos en flickr.

En definitiva, un viaje no muy largo pero muy interesante, en donde hemos disfrutado de lo particular de San Francisco e intuido las características del resto de EE.UU. El congreso, positivo, la compañía de Taryn y Joe, insuperable, y la dieta, sin grandes sufrimientos aunque hemos comido más de lo necesario, seguro. Para una segunda visita deberíamos ir a Sillicon Valley y alquilar un coche para conocer los pueblos de alrededor.

8 comments so far

  1. Taryn Domingos abril 17, 2008 12:38 am

    Hah! I had no idea that San Francisco’s catch phrase was “only in San Francisco”, but it is very very true. See, you have to believe Joe and I when we say “only in San Francisco”!

  2. kota abril 17, 2008 1:24 am

    Gran report. Me alegro de que todo haya ido tan bien.
    Y la verdad, envidia pues también me da :)

    Salud!
    kota.

  3. Níniel abril 17, 2008 9:03 am

    Uix, parece que el viaje ha sido muy interesante :)

    Tengo algunas preguntas en la cabeza, pero ya te las haré en persona, que es más cómodo…

  4. Pablo abril 17, 2008 5:17 pm

    Pues sí, fue un buen viaje. Corto pero completo.

    And Taryn, we’d never say you were lying! :-) It’s just that there was soo much of “only in San Francisco” that seemed quite weird, to be honest. Now we know we didn’t visit USA but the Independent Republic of San Francisco! :-P

    Can’t wait to see your photos, btw.

  5. Crisophilax abril 22, 2008 4:37 pm

    Pablo, no consigo leer tus post por RSS. Antes si podía. Probablemente esté yo haciendo algo mal, pero si me puedes echar un cable, mejor. Es mucho más cómodo leer así los blog.

    Un saludo

  6. Pablo Ruiz Múzquiz abril 22, 2008 4:58 pm

    Migré a WordPress 2.5. He cambiado una cosa. Prueba ahora.
    ¿Qué error te da?

  7. Crisophilax abril 24, 2008 8:31 pm

    Pablo, no sé que has tocado, pero ya vuelve a funcionar perfectamente. Gracias.

  8. gonzalo octubre 9, 2009 12:40 pm

    muchas gracias, viaje desde mi escritorio,y hasta tengo ganas de comer hamburguesas de bufalo saludos desde la pampa argentina

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