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Relativismo cultural: una propuesta —

Términos como «aldea global» o «colonialismo cultural», entre otros, forman parte de muchos debates en la actualidad.

Por un lado, desde las naciones prósperas se concibe como indiscutiblemente positivo, transformar al resto de forma que adopten los modelos sociales y económicos de las primeras.

Por otro, existen corrientes de pensamiento que relativizan esas supuestas bondades y defienden la legitimidad de las tradiciones o leyes que preexistían ante la llegada de las potencias extranjeras.

Finalmente, imagino que un tercer grupo defenderá, en términos evolucionistas, que al igual que en el pasado, en el presente pueden forzarse cambios sin que estos puedan juzgarse éticamente, tan sólo benignos o malignos para determinadas estructuras culturales o sociales.

Las ocasiones en las que estos debates sobre la bondad o legitimidad de la imposición o condicionamiento de unos países o modelos sobre otros se dan son múltiples:

  • ¿Hasta qué punto, incorporar las poblaciones indígenas sin contacto con nuestra civilización a las estructuras sociales es necesario o positivo? Desde un punto de vista de esperanza de vida, parece una ventaja innegable pasar de vivir 40 años a 80, pero si para lograrlo, hemos de extraerlos de su entorno natural, surgen dudas sobre posibles injerencias.
  • ¿Hasta qué punto, obligar a la población inmigrante a una nueva forma de conversión a la cultura de adopción es una condición para el entendimiento y la viabilidad de su integración? Desde un punto de vista del país receptor, puede parecer una salvaguarda de sus intereses pero estas medidas proteccionistas pueden herir el conjunto de valores de múltiples seres humanos. ¿Hemos de actuar empleando reciprocidad entre estados o con flexibilidad incondicional?
  • ¿Hasta qué punto, ante situaciones de emergencia humanitarias, deberíamos permitir la acción de terceros países violando la soberanía de otro? ¿Qué entendemos como emergencia humanitaria? ¿Pensar muy distinto o creer en otro dios? ¿Sufrir un régimen político maligno?

A todo esto hay que sumar que la historia del planeta nos enseña que han existido migraciones, guerras, cambios políticos y sucesos de todo tipo que han ido transformando el mapa de nuestra civilización. Lo que ahora consideramos correcto, las lenguas romances como el francés o el italiano, surgieron de formas vulgares del latín que horripilarían a los clásicos de Roma. Esto es, el temor a que llegue un cambio nunca recuerda que somos frutos de un cambio que otros temieron y con el que podemos sentirnos muy a gusto.

Esta tendencia a que «quedémonos más o menos así y que el resto acabe por descubrir las ventajas» no tiene justificación universal pero si eres lo suficientemente poderoso, puede que obtengas resultados afines durante bastante tiempo.

Volviendo a lo que es legítimo obligar o simplemente solicitar al otro, parece un ejercicio análogo a la construcción de éticas absolutas que muchos filósofos han intentado antes, Kant quizá el más destacado. ¿Qué métrica adopto de forma que cualquier acción mía puede considerarse siempre buena, sin duda alguna?

Desde un punto de vista metafísico, hay múltiples ramificaciones a esa pregunta, porque es posible jugar con abstracciones y modelos que subsistan per se, pero si seguimos tirando del hilo, aparece Descartes como buen ejemplo de nuestro enorme desasosiego vital sobre la seguridad de lo que podemos afirmar.

Desde el punto de vista positivista o científico, todo importa bien poco porque nada trasciende y la búsqueda de una ética natural se transforma en la adopción de un consenso inmanente sobre criterios de oportunidad y eficiencia.

Como tengo pensado escribir en otro momento sobre la validez de diferentes modelos de realidad y verdad, dejo esta disgresión aquí, pero quisiera acabar con una propuesta en forma de Principio 0 en cuanto a relativismo cultural.

Antes de formularla (en realidad, no va a ser nada revelador pues se encuentra redactada de múltiples formas en declaraciones de derechos humanos y constituciones varias) quisiera comentar el contexto más obvio en donde la pondría en práctica: las confesiones religiosas.

Principio 0 del relativismo cultural: persigue, con el menor impacto posible en la población objetivo, la equiparación en dignididad y potencial al hombre con la mujer y al adulto con el niño.

No he encontrado un principio anterior a este más simétrico y más justo en un sentido casi matemático.

No digo que todos debamos hacer las mismas tareas o servir a los mismo propósitos, sólo hacer desaparecer de la ecuación la variable sexo o edad, cuando hablamos de derechos exclusivos.

Creo que incluso, en términos evolucionistas, esta idea es compatible con mantener la forma de vida de poblaciones humanas con cierto dimorfismo social acumulado por tradiciones.

Para terminar, pongo dos ejemplos extremos pero muy sencillos de entender.

No estoy diciendo que en aquellos países que permitan la poligamia, ésta se prohíba (mientras la poligamia sea entre iguales), pero sí que se permita en una mujer y hombres al igual que la forma de un hombre y mujeres.

Tampoco estoy diciendo que desaparezcan las confesiones religiosas en donde haya una discriminación clara entre sexos, como pueda ser la mormona, sino que se evolucione hacia una forma en la que puedas encontrarte predicando tanto a una mujer acompañada de un hombre como dos hombres o dos mujeres (lo que sucede en la actualidad, igual que duermen separados).

Me gustaría saber si alguien cree que este principio es resultado de un condicionamiento cultural greco-latino-cristiano galopante y que yo enmascaro apelando a la tendencia a lo simple del universo (en forma de esfera, de pareja simétrica, etc), pero por más vueltas que le doy, creo que es una petición más que razonable.


Categorised as: Ensayo


One Comment

  1. Hola, llegué a tu página desde Libro de Notas, me llamó la atención el tema sobre el predominio de una cultura sobre otra, con la finalidad de ‘imponer’ justicia. Difícil ¿verdad?, es que nadie puede ser dueño de la verdad absoluta. En nombre de esa verdad se han cometido y cometen muchos atropellos contra inocentes, atropellos auspiciados tanto por gobernantes como por ‘creencias religiosas’. Tu propuesta, principio cero, es un ideal que busca la perfección de la igualdad, bastante matemática, de hecho, una especie de mandato que debiera tener como contraparte un castigo ideal para aquel que lo incumpliera. Hacer entender el concepto de justicia incorporado en el Principio cero sería una empresa titánica para quien quisiera llevarla a cabo tan solo dentro de su pequeña comunidad, ¡Y a nivel mundial! completamente utópico; a pesar de todo, me suscribo a tu propuesta y me comprometo a divulgarla, sobre todo, en busca de ideas sobre cómo conseguir que esta avance. Poco a poco se va lejos. Saludos. Mítzar.
    Pd. Y sí, tiene mucho de razonable.

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