diacritica.net

tecnología + sociedad

Peripecias de un vocal segundo el 22M (largo) —

Peripecias de un vocal segundo en el 22M

Me tocó. Fui vocal segundo de una mesa electoral de mi barrio en Madrid. A pesar de que pudiera resultar cansado estar desde las 8 hasta las 24h un domingo, me pareció una magnífica oportunidad participar desde dentro del proceso electoral en estas elecciones, en donde he estado siguiendo en parte la iniciativa #democraciarealya. No me interesaban tanto los resultados en sí como el propio camino hasta lograrlos.

En la mesa éramos una presidenta, más joven que yo, y de vocal primera una colombiana nacionalizada española, de mediana edad. Además, teníamos a dos interventoras, una del Partido Popular, quizá algo más joven que la vocal primera, y otra del PSOE, una abuelita en toda regla. En nuestra aula cabían otras dos mesas más con configuraciones variadas.

Tras seguir todos los pasos necesarios para convertir un material en bruto a las 8 en una mesa constituida con todo en regla para votar a las 9, nos pusimos manos a la obra y comenzamos a registrar votos.

Para resumir las 11 horas de apertura de mesa, he confeccionado estos puntos:

  • En mi barrio la medida de edad es alta y los madrugadores no hacían más que confirmar este hecho. Avanzamos a buen ritmo hasta las 12h y de 12h a 13h tuvimos un gran pico.
  • Un número respetable de votantes (yo diría que al menos 30 de los 378 finales) no sabían lo que votaban. En el 100% de los casos se trataba de personas seniles acompañadas por un familiar que ejercía de asistente. Las miradas vidriosas, la mano temblorosa y sonrisas incontroladas nos indicaban que aun con el derecho a voto intacto, su ejercicio libre y capaz era dudoso. Dado que la incapacidad para votar la determina un juez, era imposible intervenir.
  • Por primera vez el votante podía introducir la papeleta él mismo en la urna y no tener que ver cómo el presidente de la mesa lo hacía por él. Esto recibió numerosas muestras de alegría y expresiones de “ya era hora”, etc.
  • Varios padres con sus hijos pequeños los invitaban a introducir la papeleta mientras repetían mantras democráticos.
  • La interventora del PP, sentada a mi izquierda, se mostró dubitativa con la participación que tendríamos ya que el llamamiento a la abstención del movimiento 15M podía tener algún efecto negativo. La Presidenta y yo le aclaramos el malentendido rápidamente.

Por mi parte, asumí la tarea de ir anotando el orden del votante (1, 2, 3, 4…), el número de votante (8, 4, 56, 556, etc) y el nombre del votante, así como las elecciones en las que no había participado (pocos casos hubo de votantes en sólo una urna). También intenté animar un poco el día proponiendo porras sobre el número de votantes que alcanzaríamos. ¡406! insistí, de un total de 540, un optimista 75%. Prometí realizar un pequeño espectáculo en el aula donde estábamos si conseguíamos esa caprichosa cifra.

En fin, buena temperatura, buen ambiente, 0 incidencias, turnos para comer, algo de aburrimiento… Al acercarse las 8 de la tarde, ya todos teníamos hechos los deberes y habíamos rellenado previamente todos los documentos que había que remitir posteriormente. Salvo el escrutinio y algún dato más, era posible rellenar fechas, números absolutos, firmas, etc.

A las 8 de la tarde, la Presidenta anunció que se cerraba la mesa y dábamos paso al recuento de votos por correo. En ellos detectamos uno nulo (error, deberíamos haberlo destruido como indica el manual) por no incluir el certificado de inscripción en el censo junto con los sobres cerrados para cada urna y el resto se resolvieron perfectamente. Finalmente, nos tocó a nosotros votar y así lo hicimos.

Aquí se acabó todo el “colegueo”.

La Presidenta abrió la urna de las municipales y empezó a sacar uno a uno los sobres, que abría y separaba en montones ayudados por nosotros mientras la interventora del PP se ofrecía voluntaria para llevar en paralelo un recuento con unas cuadrículas propias. Más o menos al mismo tiempo, las otras dos mesas hacían lo propio y comenzaba la cantinela de los nombres de los partidos y el movimiento de papeletas hacia sus montones respectivos en cada mesa.

Empecé aquí a detectar cierta hostilidad hacia los partidos que no fueran los “cuatro”. Los cuatro eran PP, PSOE, IU y UPD. La interventora del PSOE alucinaba con la existencia de ciertos partidos pero era más un asombro que otra cosa. La interventora del PP, en cambio, se mostraba visiblemente despectiva cuando salían votos “de los raros”. Cierto es que apenas si sumaron 10 votos los “raros” pero cada vez que salía uno de ellos, ella torcía el gesto y comentaba que lo haría todo “más complicado” (en referencia al papeleo posterior). Huelga decir que yo me alegraba cada vez que salía un voto “raro” por muy poco en común que yo tuviera con el partido política en cuestión y trataba de imaginarme al votante que se escondía detrás de ese voto aparentemente “inútil” y molesto.

En el escrutinio comenzaron los problemas “técnicos” y es que había papeletas de voto que, aun estando intactas, contenían marcas, tachones o mensajes. El ganador fue, sin duda, el que escribió a boli “Me huele el pito a canela”. En algunos casos la decisión era fácil, voto nulo y punto. En otros, había disputas. Aceptamos uno del PP con dos “X” al lado de Gallardón porque no alteraban de forma significativa la papeleta pero rechazamos otro en donde su nombre aparecía claramente tachado. Esto no convenció a la interventora del PP que fue en busca de un apoderado “para salir de dudas”. El apoderado apareció, miró la papeleta y pontificó “este voto es válido, la papeleta conserva su integridad”. La presidente y yo lo miramos sorprendidos y yo cogí el manual, que en su página 22, bajo el epígrafe “Votos nulos”, decía: “Las papeletas en las que se hubiera modificado, añadido o tachado el nombre de los candidatos y candidatas, etc”, por lo que se dio por zanjada la discusión no sin un sabor muy agrio en mi boca.

Otro de los ejemplos que reflejaba el poco sentido democrático (de nuevo sólo lo vi en la interventora del PP) era el efecto “compensación”. Si el PSOE se quedaba con un voto “dudoso”, el PP tenía entonces que quedarse con otro “dudoso”. Yo advertí que los supuestos dudosos eran “nulos” y punto pero la interventora respondió “¿qué más da que sean los dos nulos que entren los dos?”. Todavía ahora mientras escribo este texto me dan ganas de pegar un grito. En su mente bipartidista, la interventora se estaba olvidando de todos los otros partidos que no tenían un voto “dudoso” y estaba ignorando al mismo tiempo el cálculo de porcentajes que estaba, con su visión simplista, viciando. Dos votos más para dos partidos no equilibraban ninguna balanza, básicamente le pegaban un buen martillazo. Evidentemente, ignoré su sugerencia y seguimos contabilizando.

El famoso apoderador del PP solía venir cada cierto tiempo, henchido de alegría (normal) y aprovechando para lanzar mensajes políticos “pues no seremos tan bellacos cuando nos vota tanta gente” y cosas así. La verdad es que me venía la palabra inglesa “disgusting” a la cabeza pero preferí ignorar sus “gracias” aunque yo alucinaba pensando que ese señor se atrevía a soltar sus proclamas cuando no tenía ni idea de a qué habíamos votado los presentes. Comentarios, por cierto, que no se habría atrevido a decir una hora antes porque le habrían costado la expulsión del colegio electoral.

La Presidenta anunció finalmente que ya no había más votos que escrutar y empezamos a hacer otra vez el recuento. En ese momento, se oyó en la mesa “ah, no eran 5 sino 6” y la interventora del PP anotó una marca más en su casillero del PP. Lo advertimos una representante de la administración y yo y le aclaramos que era el 6 del “sesenta y seis” del PSOE, no del “doscientos cuarenta y seis” del PP. Ella anotó esa casilla extra al PSOE pero se le olvidó eliminar la del PP. Dado que su hoja no es oficial, no le di importancia pero lo archivé en mi memoria.
Más o menos por entonces, apareció otra interventora del PP que había estado supliendo a la nuestra en sus descansos y alzando la mano de la mesa con un sobre blanco dijo “se os ha pasado este voto”, sobre que procedió a abrir la presidenta con la cantinela ya conocida de “Partido Popular” y lo amontonó en la pila correspondiente.

En fin, como entiendo que le habrá pasado a quien haya estado en escrutinios de este tipo, no salían las cuentas. Empezamos todos a ponernos muy nerviosos porque la urna de la Asamblea de Madrid seguía intacta y nos salían menos votos que votantes. Volvimos a contar y los números de los partidos políticos estaban correctos, INCLUSO el doscientos cuarenta y seis que tenía anotado la interventora del PP en su hoja, algo que ahora sí tenía sentido por el voto final que se nos había colado. De 380 votantes registrados en mi lista, habían votado 374 y necesitábamos 375 votos, ya que sólo 5 no habían votado en las locales. Nos faltaba un voto. Un voto es una enormidad, os lo puedo asegurar y de ahí no se puede ir nadie sin esclarecer este tema.

Lo que sucedió a continuación me dejó perplejo. La Presidenta ahogó un grito y mostró el sobre del voto nulo por correo al que le faltaba, no ya la hoja de certificado de inscripción censal, sino el sobre blanco, y en ese momento cayó en la cuenta de que ese sobre blanco “que se nos había olvidado” y que la interventora del PP en su paseo rutinario por las mesas nos había señalado, era un voto adicional del PP que estaba en la urna. Así que no teníamos 374 votos, teníamos 373 votos, dos menos de los votantes. Íbamos a corregir este problema cuando la interventora del PP se negó rotundamente a aceptar esa resolución arguyendo que ella tenía contabilizados 246 votos para el PP en su hoja y que estaban bien contados. Entonces tiré del archivo y la representante de la administración y yo le recordamos la malinterpretación sobre el sexto voto del PSOE que ella anotó primero en el PP y luego en el PSOE, sin eliminarlo del PP. Ella no recordaba eso, de hecho, aseguraba que ese último voto llevaba allí antes mucho antes. No sólo eso, según ella, el hecho de que ahora faltaran dos votos era prueba inequívoca de que uno de ellos era ese voto del PP porque así volvíamos a acercarnos a los 375. Ella era consciente de que ese sobre en blanco no debería había entrado en la urna pero no reconocía que hubiera sido del PP a pesar de que la Presidenta y yo lo recordábamos vivamente. La interventora del PSOE le dio la razón a la interventora del PP y reconoció que no había forma de demostrar que ese voto nulo final fuese del PP. Así que teníamos un voto nulo en la urna y no sabíamos qué hacer y encima nos faltaban dos votos.

Cogí entonces mi lista de registro de votantes y fui uno a uno confirmando que mi cuenta había sido la correcta y que había numerado correctamente a todos sin saltarme a ninguno. En la segunda hoja encontré un error. Efectivamente, me había saltado un número. Ya no eran 380 votantes, sino 379 y, por tanto, 374 votos, no 375. La interventora del PP dijo “veis, el voto que falta es el voto del PP, está clarísimo”. No tan rápido… en la cuarta hoja detecté otro salto en la numeración. Ahora teníamos 378 votantes y 373 votos. Sin el voto extra del PP, todo cuadraba. Si lo admitíamos, sobraba un voto. El debate era ¿tenemos claro que estando de acuerdo en que sobra un voto, se trata de uno del PP?

  • Interventora del PSOE: no es posible demostrarlo.
  • Interventora del PP: no es posible demostrarlo
  • Presidenta de la mesa: yo abrí ese sobre y recuerdo perfectamente que era del PP
  • Vocal primera: yo no sé de qué están hablando, prefiero no opinar
  • Vocal segundo: yo recuerdo claramente que era del PP

Las posiciones estaban fijadas y los nervios no mucho. Tiramos de manual y era claro. La mesa (presidenta y dos vocales) debe decidir por mayoría qué escrutinio era el que valía. La primera vocal se desentendió y la Presidenta y yo coincidimos en el voto; un voto del PP se quedaba fuera.

La interventora del PP anunció que impugnaba y, por tanto, todas las firmas que ella había ido poniendo en todas las actas ya no eran válidas y había que repetir todo el papeleo. Genial.

Por supuesto, aceptamos su impugnación y cuando estábamos a punto de rellenar nuevas actas, apareció la interventora itinerante. No recuerdo si le hizo un gesto su compañera o la Presidenta pero el caso es que se acercó a la mesa y la Presidenta le explicó lo que había pasado, de forma muy objetiva sin mencionar que el voto extra hubiera sido del PP. La itinerante no necesitó que la Presidenta acabara la explicación y dijo “Tienes razón, ese voto no es válido y era del PP, lo recuerdo perfectamente, disculpadme” y siguió su ruta.

Dirigimos todos nuestra mirada a la interventora del PP de nuestra mesa que aceptó la explicación de su compañera a regañadientes. Añadio que no nos lo tomáramos como algo personal, que era su trabajo pelear cada voto de su partido.

Pasado este duro trago (aunque en todo momento muy civilizado) terminamos de rellenar todo el papeleo y meterlo en los tres sobres correspondientes. Yo ya me encontraba más relajado pero en ese momento no sabía que me quedaba ser testigo de una petición aún más salvaje.

En el proceso de escrutinio de la urna de la Asamblea, fuimos mucho más rápido ya que hasta tres representantes de la administración se ofrecieron a abrir sobres y colocarlos en montones. Yo volví a ocuparme de “los raros”, claro, aunque también amontonaba los de IU y UPD.

Iniciamos el recuento y volvió a faltar un voto de un partido que yo recordaba haber visto. Miramos debajo de la mesa, en las sillas, etc, pero no aparecía. Finalmente lo descubrimos oculto en el montón de otro partido, lo que alteraba el conteo anterior pero no de forma grave. Sin embargo, al recontar todos los montones, habíamos descubierto que al Partido Popular le habíamos sumados uno de más.

Fue entonces cuando escuché a mi izquierda “la verdad es que lo mínimo que podríais hacer ahora es devolverme el voto que me habéis quitado en las locales”.
Me giré estupefacto y respondí “Eso es una enorme chapuza que no vamos a hacer y sigue equivocada con sus números” e hice caso omiso de sus otros comentarios mientras yo confirmaba números y siglas en voz alta para la Presidenta.

El resto del trabajo transcurrió sin más incidentes. La Presidenta, con todos los sobres, salió disparada al autobús que la aguardaba en la puerta y que debía salir inmediatamente.

Cuando llegué a casa tras un corto paseo me desahogué con Angela. Estaba impactado por la ausencia de escrúpulo democrático que había vivido y el desprecio por los partidos minoritarios. Alguno dirá que es una anécdota y, como tal, poco valor tiene. Otros dirán que lo mismo hace el PSOE. Por supuesto que es así. Es una experiencia personal sin ánimo de generalizar y no creo que sea descabellado pensar en este artículo con un cambio de siglas PP y PSOE, que somos todos mayorcitos. Sin embargo, esa mesa electoral, de las miles de España, me recordó a lo que dicen algunos sobre los accidentes de coche “no entiendo cómo no hay más, con lo mal que conduce la gente”. En este caso haría mía otra similar “no entiendo cómo no hay más irregularidades con lo frágil, rudimentario y partidista que es el proceso de escrutinio”.

No es que haya aprendido una lección o me acabe de caer de un guindo. Con 32 años poco queda ya a la imaginación en estos temas, pero reconozco que vivirlo en primera persona no es comparable ni a mil consignas en la Plaza del Sol o a vídeos y manifiestos de todo tipo. Sé que no debo generalizar pero también sé que la distribución del poder político en España facilita el que los vicios y no las virtudes puedan sobrevivir más fácilmente. Estábamos rodeados de apoderados e interventores de los partidos políticos y apenas podíamos ver a representantes de la administración. Las mesas las componíamos ciudadanos corrientes con poco “callo” en estas lides y no me quiero ni imaginar si nuestra vocal primera, por poner un ejemplo conocido, hubiera sido la Presidenta de nuestra mesa. Seguramente hubiéramos acampado en el colegio electoral esta noche 🙂


Categorised as: Ensayo


17 Comments

  1. Luiyo dice:

    Madre mía… y no quiero imaginar si los tres miembros de la mesa fuesen votantes del PP (o del PSOE), nada garantiza la pluralidad de tres personas, menos en un país bipartidista.

    No es baladí, 3 votos que se cuelen en 1000 mesas…

  2. admin dice:

    ¡3 votos! ¡uno solo me basta!
    Una de las experiencias más gratificantes de esta jornada fue sentir una responsabilidad descomunal cuando la Presidenta dijo “falta un voto”. No pensé en el papeleo que ello podía suponer o en si íbamos a estar más o menos tiempo en el colegio electoral, la expresión “falta un voto” se tradujo en mi cabeza como “falta una persona”. Faltaba una persona, así de claro, y teníamos que encontrarla a toda costa.

    Por cierto, una recomendación a la gente que prefiere votar nulo. Sed generosos con los tachones y roturas porque me temo que en más de una mesa son “generosos” con los desperfectos. Espero, en cualquier caso, que el Juez que revisa el escrutinio advierta estos temas pero aun así hay decisiones que no sabrá que se han tomado.

  3. Nac dice:

    Si esto sucede en el principio de todo el proceso democrático no me quiero ni imaginar los navajazos y chanchullos que se deben dar en las cloacas.

    Muy interesante e ilustrativo el post.

  4. Akin dice:

    En Santiago de Compostela, el color del gobierno se ha decidido por 8 votos…

  5. Yoryo dice:

    Yo también he sido vocal segundo en estas elecciones y coincido con tu vivencia y opinión. Esto está podrido desde el estrato mas bajo y mientras eso no cambie, nada lo va a hacer. Se supone que el día de las elecciones están libres de campañas electorales, pero ahí están los interventores/apoderados de los partidos (casualmente de los mayoritarios) rapiñeando y haciendo presión.

    Desde luego si fuera por mi, toda esa gentuza estaría fuera del proceso electoral, porque no hacen mas que entorpecer y enturbiar todo el asunto, creando tensiones innecesarias.

    Todo sería mas sencillo si de una puñetera vez nos pusieramos a hacer las cosas como se deberían hacer en el siglo XXI: tanteo automatizado y así no habría problemas. A estas alturas tener que estar contando papelitos manualmente es lamentable.

  6. Manuel dice:

    En las anteriores municipales me pasé el día como… no sé como llamarlo, porque no era interventor ni nada por el estilo, de un partido local de mi localidad.

    El caso es que la cosa parecía ir más o menos bien durante gran parte del día, incluso los que estábamos de distintos partidos terminamos hablando entre nosotros a la entrada del Colegio Electoral porque el tema se hace bastante aburrido.
    Además, solo estaba yo por ese partido, aunque uno de los chavales que iba en las listas se pasaba cada x horas a echarle un ojo al tema.

    Pero aún cuando la cosa parecía estar más o menos bien, recuerdo que apareció una interventora del PSOE que terminó liándola con uno del PP a voces. Y todo porque por una parte las encuestas les auguraban, a los del PSOE, la pérdida de mayoría absoluta lo que provocaba que estuviesen más nerviosos de lo habitual. Y por otra parte porque las mesas se habían distribuido muy mal y era difícil encontrar la que correspondía y la gente nos preguntaba en la puerta. Pero sucedió que el del PP se equivocó un par de veces, algo fácil si no estabas atento, al dar indicaciones…

    Bueno, en cuestión de segundos la del PSOE se volvió medio loca, empezó a acusarle de querer evitar que sus partidarios pudiesen votar (valiente gilipollez, porque a la gente que nos preguntaba no les pedías que te dijesen a quién iban a votar) y se puso a pega voces.

    Para mí, que mantuve las formas porque aún siendo un favor entendía que era la imagen de ese pequeño partido, aquello resultó grotesco. Adultos hechos y derechos chillándose por gilipolleces, acusándose de tonterías y obligando a que los agentes de la Policía intermediasen para poner paz.

    Y por desgracia no fue lo único que tuve que ver, porque luego en el recuento también surgieron los nervios y algunos incluso me miraban mal cuando el partido que representaba iba sumando más votos de los esperados.

    Una pena estas cosas, pero vienen a demostrar que estos señores se han acostumbrado a que este país sea su cortijo particular y se olvidan de que ellos están para observar y reclamar, pero nunca para imponer a la mesa electoral.

  7. Dream_Forge dice:

    Me ha encantado tu post.

    Soy estudiante y en mi universidad hace un mes que tuvimos elecciones a representantes estudiantiles. No me tocó estar en la mesa pero decidí ser interventor porque no estaba seguro de que la mesa, por su composición, fuera a ser completamente imparcial (aunque luego me di cuenta que mis sospechas fueron infundadas).

    Yo también sufrí ese momento de “falta un voto, si no lo encontramos estaremos ignorando la decisión de una persona”: como interventor debía vigilar que todo el proceso fuera correcto y aun así había dejado escapar algo. Fueron unos momentos bastante duros.
    Desde luego la escala era menor porque no había intereses de grandes partidos ni la tensión derivada de ello, pero el censo hablaba de más de 2000 votantes, con una participación alrededor 40%. Eso era tener demasiada gente en nuestras manos.

    La verdad es que creo que si las personas conocieran más de cerca el proceso electoral, el sistema de escrutinio y, en general, los pormenores del sistema democrático y sus consecuencias, serían mucho más responsables con su voto.
    Por eso me parece que tu artículo es una cosa buena, y espero que llegue a la conciencia de mucha gente.

  8. Marcos dice:

    A estos efectos un interventor tiene derecho a :
    -Asistir a la Mesa electoral y participar en sus deliberaciones, con voz pero sin voto.
    -Formular reclamaciones o protestas que deberá resolver la Mesa

    Es decir, pueden tocar los cojones lo que quieran pero la decisión de la mesa la toma la mesa… y a ellos que les zurzan.
    Alucino pese a todo con su actitud.

  9. Marcos dice:

    Gracias por compartir la experiencia, y que así conozcamos un poco de qué va todo esto.

    Sin duda, estos “problemas” no los habría si tuviésemos un sistema de voto electrónico, por internet, donde los votos se contarían solos, sin lugar a disputa alguna. Una persona, un DNIe, un voto.

    Además, se ahorraría un montón de dinero en papeletas, sobres y “salarios” a las personas que les tocase estar en los colegios electorales.

  10. Superalex dice:

    Qué buen artículo, me parece increible la poca vergüenza/responsabilidad de la gente…

  11. Diacritica dice:

    Me alegro de que guste (a pesar de ser algo amargo). Sentíos libres de difundirlo, por favor.

  12. Sentoki dice:

    Hola,

    algo parecido me pasó a mi en las elecciones que me toco ser mesa. Para hacer las cosas cortas. Mientras fueron las votaciones todo fue muy bien, bromeando y buen rollito. Conforme se fueron complicando el recuento, ya fue todo a mal rollo, propiciado por las “matronas” del PP que teníamos como interventoras (tuvimos 2, la boba y la “lísta”). La boba no sabía ni contar y la otra iba a sisar como si fuera la cola de la pescadería. No se habían leído el manual, no se preocuparon de nada, sólo de sumar más que los otros. El interventor del PSOE al principio era razonable, pero viendo la actitud de las otras se puso farruco también. A nosotros nos faltaba 1 persona porque yo metí la gamba y el 161 lo puse al final de la página y al principio de la otra.
    Afortunadamente la presidenta de la mesa era una funcionaria del ayuntamiento que además trabajaba en ventanilla y fue un lujazo, cómo repartia el juego, el de nuestra mesa y el de las de las otras. Gracias a su mano izquierda y saber hacer, capeamos a las interventoras y pudimos salir más o menos en hora.
    Lo más divertido fue cuando tuve que explicar por qué yo no votaba, pues en aquellos años todavía no sabía los intringulis de la ley d’Hondt y pensaba que la mejor manera de criticar el sistema era absteniendome. El del PSOE empezo a mirarme mal, las del PP decidieron que ya no era tan buen partido para sus hijas… hasta el de IU, que iba de interventor volante por varias mesas vino a darme su parecer.

    Al final me fui a casa con la sensación de que para ese paripé (era los tiempos en que Ansar rulaba la Hispania) menos mal que me había abstenido.

    Saludos.

  13. jose dice:

    Por si algún día me toca a mí: sabes si puedo grabar en vídeo el recuento???

    Saludos,
    Jose

  14. admin dice:

    No sabría decirte. El Manual para los Miembros de las mesas Electorales no hace referencia a este hecho. Entiendo que el problema puede venir de que los interventores o los miembros de la mesa no den su permiso para ser grabados.

  15. […] ATENTOS: Los interventores de las mesas electorales, en el retrato de un vocal de mesa: http://www.diacritica.net/?p=458 […]

  16. MARTA dice:

    HOLA

    ¿EL JUSTIFICANTE QUE TE TIENEN QUE DAR SE ACUERDA ALGUIEN DE DÁRTELO O TIENES QUE ANDAR TÚ DETRÁS DE ELLOS PIDIÉNDOSELO?.

    SALUDOS

  17. […] Peripecias de un vocal segundo el 22M […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *