diacritica.net

tecnología + sociedad

Viaje a Japón 28/09/2010 – 12/10/2010. Miscelánea —

Llevaba tiempo queriendo poner en un mismo post pequeños detalles sin excesiva importancia sobre nuestra visita a Japón pero que forman también parte de la experiencia global.

* En los trenes, por muy modernos que sean, no existen pantallas en las que proyectar películas.

* Los baños de muchos hoteles de tipo medio están limpísimos pero, sobre todo, suelen estar hechos de una sola pieza de plástico y encajonados en la habitación. Todo forma una única gran pieza de albañilería plasticosa y, en bastantes de ellos, la toma de agua de la ducha está enganchada con la del lavabo, existiendo un conmutador analógico para alterar el curso del agua.

* Japón está abarrotado de tiendas tipo 7-eleven 24h (pero 24h de verdad). Curiosamente, son marcas locales, como LAWSON o FAMILY MART las que han tomado las calles de todas las ciudades y pueblos por los que pasamos. Concretamente, LAWSON puede llegar a tener tres o más tiendas en una misma manzana y ocupa el primer puesto en valoración bursátil en el índice NIKKEI en su sector. Estas tiendas funcionan como pequeños supermercados y tienen multitud de otros servicios, como cajeros automáticos.

* Todo Japón tiene los cables de electricidad y teléfono por las calles, afeando fachadas y vías. El motivo (vía KIRAINET.COM) es que el riesgo de terremotos obliga a tener esta infraestructura a la vista para su fácil reparación.

* En general, los pasteles y helados no tienen un sabor “fuerte”. Digamos que son sosos y sin gracia en cuanto los pruebas. No es que no les guste el dulce pero es otro tipo de dulce muy especial y empalagoso propio de ellos. A los occidentales nos custa mucho disfrutar de sus pasteles así que parece que el pensamiento es recíproco.

* Los anuncios por megafonía en los medios de transporte suelen venir precedidos de una tonadilla blandita blandita y más larga de lo que es estrictamente necesario (8 eternos segundos). Sostengo que es para ayudar al despertar de los somnolientos japoneses.

* Se ven poquísimos iphones o htcs. Básicamente, emplean móviles tipo clamshell con pantallones alargados. Imagino que su método de escritura no se lleva muy bien con teclados virtuales (o con los teclados virtuales desarrollados para Occidente).

* Su moneda, el YEN, sigue demasiado “fuerte” con respecto al euro y al dólar e independientemente de que a nosotros nos perjudique (a 113 yenes el euro, está muy lejos de los 145 yenes que disfrutamos en 2006), las empresas niponas lo están pasando especialmente mal a la hora de exportar. Se suponía que el gobierno japonés iba a tomar alguna medida pero todavía no ha llegado o no se ha notado.

* Los programas de televisión japoneses se dividen en series (contemplativas, como mucho de su cine), noticiarios, tertulias (con las versiones japonesas de los nuestros, incluidos los peinados y gestos) y programas de famosos (todos se ríen constantemente y suele haber siempre algún personaje estrambótico, que inclusom puede ser el conductor del programa). Como excepción, el otro día vimos un reportaje sobre una familia de clase media-baja con 8 hijos y cómo se las arreglaban a pesar de todo. Hay que señalar que Japón tiene una crisis importante de natalidad que, unida a su estricta política sobre inmigración, está teniendo un efecto pernicioso en la pirámide poblacional. El reportaje duró unas dos horas así que no quiero ni imaginar el tiempo que estuvieron grabando…

* Las ciudades importantes por las que hemos pasado hasta ahora (Tokio, Osaka, Hiroshima) son bastante planas y el uso de las bicicletas está bastante extendido aunque no llega ni mucho menos a las imágenes que tenemos de ciudades como Beijing o Amsterdam.

* Por alguna razón que todavía desconocemos, todos los núcleos de población que hemos visitado disponen de señalización específica para invidentes en las aceras. No estoy hablando del píopío de los semáforos o los tramos amarillos en el metro, sino de una omnipresencia que llega incluso a determinar en parte el sentido de la marcha por la acera. Por contra, sólo hemos visto un ciego en todos estos días.

* No conocemos los detalles pero parece que la compañía de ferrocariles más importante del país, Japan Rail, tiene algún tipo de acuerdo con la editorial del manga Detective Conan y es curioso ver empleados de todo tipo de la Japan Rail luciendo un “badge” con la cara del popular personaje junto con su nombre y posición.

* La Coca Cola o la Pepsi aquí saben a demonios. No puede ser sólo el agua. El Aquarius sabe a medicamento.

* En Tokio vimos varios anuncios de Google en las pantallas del metro. Hay que recordar que es Yahoo! el líder indiscutible en Japón.

* Es muy habitual ver a japoneses comprando bento (pack de comida compartimentada en caja) en la estación de tren y luego comérselo dentro. El bento “de viaje” tiene la caja de cartón y parece incluir comida poco olorosa, lo que es de agredecer en espacios cerrados.

* Cuando en Japón pides una bebida fría (ice- lo que sea, pronunciado “aisu-“) te meten medio glaciar troceado y puede llegar a ser muy peligroso si se bebe directamente.

* Prácticamente todo trabajo que está expuesto al público y que tiene cierto nivel de “oficialidad” tiene su uniforme reglamentario asociado. Parece que les encantan los uniformes, aunque sea para empleos de poca significancia (o quizá sea por eso). Muchos, además, llevan una banda en el brazo de color chillón y repleto de kanjis. En el caso particular de los escolares. muchos colegios parecen tener un uniforme para cuando van a clase, otro para hacer deporte y otro específico para excursiones fuera del colegio.

* En Japón, decir España es decir Flamenco.

* Lo hemos comentado ya varias veces en este viaje y reseñas de anteriores pero hay que insistir en ello. En Japón no puedes ir por la calle pensando que los comercios se encuentran en el nivel del suelo o los bajos. Tienes que ir recorriendo de arriba a abajo los edificios porque muy probablemente, lo que estés buscando esté en un sexto piso.

* La prensa nacional estos días (octubre 2010) se está centrando en dos casos graves de corrupción en el Partido Democrático relativos a ¡sorpresa! financiación irregular de la campaña electoral en 2004. El problema es que el caso de corrupción afecta también a la propia unidad anticorrupción encargada de velar por que esto no suceda. El asunto internacional más destacado es, sin duda, el nombramiento como General del hijo de Kim Jong-il en Corea del Norte.

* En algunos trenes, como el moderno Nozomi, existe un vagón especial en donde no se realiza ningún aviso por megafonía por lo que entendemos que es un vagón donde el silencio es máximo. Perfecto para dormir o para trabajar sin ser molestado. Me suena haber visto esto en Inglaterra pero no estoy seguro de si era sólo con respecto al uso de móviles o también afectaba a la megafonía.

* El japonés que tiene la fortuna de tener “algo” de barba, suele sacar provecho de ello y la muestra de alguna forma. No hay barbas completas pero sí patillas más largas, algo de perilla o bigote.


Viaje a Japón 28/09/2010 – 12/10/2010. Día 5 —

El segundo día en Hiroshima lo habíamos planeado dedicar a visitar el pueblo costero de Onomichi. Onomichi está a poco menos de una hora desde Hiroshima y es famosa por dos motivos: su circuito de 25 templos alrededor de una colina y por haber sido en el último siglo un punto de encuentro de escritores japoneses “vanguardistas” (en Japón eso suele querer decir “socialista”).
Nos despertamos pronto y cogimos el enésimo tranvía hasta la estación de tren de Hiroshima. Desde allí fuimos en un tren hasta Mihara y de Mihara nos subimos al tren con destino Onomichi. Aunque la previsión meteorológica anunciaba cielos nublados y algo de lluevia, lo cierto es que lucía un sol espléndido y la temperatura no dejaba de subir.

Tras alejarnos un poco de la estación de tren de Onomichi, comenzamos la suave ascensión por la ladera con sus 25 templos. Como suele suceder en Japón, donde hay templos los hay sintoístas y budistas aunque en esta ocasión, los budistas predominaban claramente.
DSC_5808

El circuito de los templos no era un camino abierto a través de una colina boscosa con los templos sorprendiéndote tras una curva. Durante la mayor parte del trayecto era territorio urbano-rural. Es decir, que las casas de los lugareños se apiñaban unas contra otras, dejando pequeños callejones abiertos por los que unos letreros recordaban la ruta óptima para seguir la pista de los templos. Algunas de esas casas eran poco más que chabolas japonesas pero otras podían tener más de 80 años muy bien llevados.
DSC_5811

Entre estas últimas había algunas convertidas en museos. Fundamentalmente, habían sido residencia de escritores (y escritoras, hago énfasis), como el importantísimo escritor japonés Shiga Naoya o la celebrada escritora Fumiko Hayashi, que murió prematuramente por culpa del tabaco.
DSC_5823.JPG

Sobre Fumiko tuvimos una charla personalizada del encorvadísimo encargado de su residencia museo. Hablaba el suficiente inglés para que yo me pudiera enterar de algo. Tras un cortés “Any questions?” se lanzaba directamente a relatar lo que le venía a la cabeza. Algunas veces se apoyaba en objetos de la sala que nos presentaba y otras volvía a repetir puntos anteriores. Fue muy amable e insistió en que nos hiciéramos una foto juntos con la vista que tenía Fumiko a nuestra espalda.

DSC_5836.JPG

Fuimos recorriendo uno a uno los siguientes templos aunque seguramente se nos escapó alguno debido a su camuflaje con el propio núcleo de viviendas que los rodeaban. Pasado un rato llegamos a una estación de teleférico que nos ofrecía llevarnos hasta la cima de la colina, en donde se encontraba un observatorio. Lo cogimos y una vez arriba disfrutamos del paisaje y de más templos. En el observatorio, en la planta inferior, se encontraba un restaurante en donde comimos un “pulpo-don” y curry de pulpo (ya comentamos que por esta zona tienen el pulpo en todos sus platos). Al lado de nosotros, se sentaron un grupo muy animado de “prejubiliadas” japonesas que se dieron un homenaje espectacular a base de kilos de helado.

Al estar ya “comidos” y algo cansados de tanto trote, vimos un templo más (uno que era bastante relevante [nota de Angela: y lleno de gorditos, ver fotos]) y tras coger el camino de vuelta del teleférico optamos por no continuar el resto del circuito y sí perdernos por las calles de Onomichi teniendo siempre como referencia la costa del mar interior. Paseamos por algunas calles comerciales y compramos alguna tontería. Por cierto, que en Onomichi tienen auténtica pasión por los gatos y además de ver bastantes por el pueblo, hay muchos motivos felinos en tiendas y casas.

DSC_5855.JPG

Tras andar por su pseudo-paseo marítimo, volvimos a Hiroshima y al hotel. Allí estuvimos repasando el avance del presupuesto del viaje y hubo, ejem, ciertas discrepancias [nota de Angela: qué diplomático!] sobre si íbamos de acuerdo a él o estábamos haciéndolo añicos cada día.

La cena fue una delicia. Fuimos buscando un bloque en la zona comercial en donde todos los puestos en tres pisos sirven una sola cosa: Okonomiyaki. ¿Recordáis el okonomiyaki del que hablé cuando estuvimos en Osaka? ¿El MEGAokonomiyaki? Bien, pues aquí tomé el PETAOkonomiyaki. sentados alrededor de mesa-plancha que rodeaba a los cocineros, pedimos sendos okonomiyakis. Por alguna razón, consideré que cuando hablaban de un Okonomiyaki “base” más “toppings” la clave era pedir tres o cuatro toppings. En fin, es mejor poner una foto. La clave fue pedir “doble de noodles”, me temo. El murmullo de los otros comensales sobre mi plato y la sonrisa nerviosa del joven cocinero que nos atendió lo decían todo. Este lugar nos gustó mucho en parte por tener a “marujas”, “salary man” (parecía un jefe y su colaborador, obligado a acompañarle), una pareja joven y ¡nosotros! una pareja de extranjeros. Además, los regentaba una señora mayor y lo que parecía ser su hijo, futuro heredero del negocio familiar.

DSC_5885.JPG

Cuando ambos hubimos derrotado a nuestros respectivos okonomiyakis, volvimos al hotel y, esta vez sí, jugamos una partida de Dungoneer casi entera. Nos pareció un juego algo lento pero las condiciones no eran óptimas (Angela tirada sobre la cama, usando el portátil como dado virtual, dos jugadores en lugar de los óptimos cuatro, la digestión del okomiyaki, etc). No nos dolieron prendas cuando apagamos la luz antes de las doce de la noche, ya que nos interesaba despertarnos bastante pronto al día siguiente para aprovechar al máximo nuestro primer día en Miyajima, la Isla Santuario.


Viaje a Japón 28/09/2010 – 12/10/2010. Día 4 —

Escribo el resumen de nuestro segundo día en Osaka en el tren Hikari Rail Star que cubre la distancia Osaka – Hakata y que para, entre otras estaciones, en Hiroshima. Estoy escuchando un disco de Agua de Anninque y por la ventana va pasando a toda velocidad un paisaje mezcla de pueblos grises y montecitos verdes.

En Osaka habíamos reservado habitación en un “Weekly mansion” que no es otra cosa que una casa de huéspedes. Por 9.500 YEN (unos 90€) teniamos dos noches sin desayuno. El interior del edificio se parecía a una clínica hospitalaria y sería fácil rodar una película de terror psicológico que tanto aprecian en Japón (y tanto copian en Hollywood quitando la parte de “psicológico”). Los carteles explicativos mezclaban un, suponemos, perfecto japonés con buenos ejemplos de japanglish. El japanglish, en mi opinión, tiene dos variantes; el que te hace gracia y el incomprensible. El primero proviene de un esfuerzo real por algún nativo en traducir fielmente un texto japonés pero suelen acabar en literalidades jocosas o mutaciones gramaticales. El segundo bien puede ser el resultado de un traductor automático programado por un becario o un random() sobre un diccionario inglés.

DSC_5661sample.jpg

Me encanta la parte de “Cooperate humbly…”

Tras disfrutar de la proyección Hubble 3D en el IMAX de Osaka, volvimos a la habitación de este hotel para descansar un poco y tomar el trípode y el objetivo “tele” con la intención de pasar una tarde-noche fotográfica en Dotombori, la zona de salir de marcha. Descubrí con horror que el trípode se había quedado en la maleta grande que habíamos gestionado con Yamato Transport para ser recogida directamente en Hiroshima. Me quedé bastante chafado, la verdad, pero al final cogí el objetivo 55-200 VR y salimos a coger el metro hasta Dotombori.

En la guía se hacía mucho hincapié en que Dotombori tenía un aire muy Blade Runner. Cualquier fan del cine de ciencia ficción comprenderá con qué expectactivas íbamos hacia aquel lugar. En fin, una vez más, la guía se había emocionado demasiado. Es cierto que había multitud de puestos a cual más ruidoso, que estaba lleno de gente (joven, para un aire Blade Runner se necesitan viejos), que había neones y anuncios luminosos enormes… pero no había esa “atmósfera” (y nunca mejor dicho) de suciedad, humo y conglomerado de luces y cables retro. Estaba muy bien y sacamos muchas fotos pero me tranquilicé un poco tras mi olvido del trípode (ello no quitó para que tuviera la tentación de pedir prestado uno aunque finalmente no lo hice).

Recorrimos la zona principal de Dotombori y el río que corre paralelo (Okawa). Con el horario algo trastocado en cuanto a las comidas, nos vimos buscando un lugar para cenar pasadas las 19.30h. En esta ocasión fue fácil encontrar uno en el que ofrecían Okonomiyaki, CHIBO. Nos sentaron rápidamente y pedimos dos okonomiyaki. Angela pidió uno cualquiera y yo… en fin ¿habéis visto alguna vez esos programas del Discovery Channel en donde se documentan estructuras enormes? Los anuncios suelen ser del tipo “Grande, más grande, EL MÁS GRANDE. MEGACONSTRUCCIONES”. Bueno, pues de haber un episodio dedicado al okonomiyaki, el mío tendría que aparecer. Tenía el radio de una pizza mediana pero con una altura considerable. Era el especial Hiroshima y ya ni me acuerdo de todos los “toppings” que llevaba. Por cierto, que en Osaka utilizan mucho el pulpo en los platos. Es una ciudad con puerto pesquero (aparte de comercial e industrial) y tiene pinta de que históricamente han cazado y degustado el pulpo. Esto se ve claramente en la enorme cantidad de puestecitos callejeros cuyo logo es un pulpo cocinero con un pañuelo atado a su cabezota, todo muy manga, claro.

Tras engullir el MEGAokonomiyaki, fuimos rodando hasta una orilla transitable del río y estuvimos sacanado unas fotos muuuuy relajadamente. La parte de Dotombori que se divisaba desde nuestra posición tenía la gracia de ser la espalda de esa calle principal y, por tanto, no contenía apenas luces ni anuncios. Por así decirlo, eran los “traseros” de los edificios y quedan a la vista sus vergüenzas en forma de tubos, cables, ventanas rotas y escaleras a ninguna parte. Si acaso, recuerdo que apuntó Angela, esto sí podía ser más Blade Runnner.

DSC_5668sample.jpg

Tras levantarnos e irnos de nuevo a la zona “in” tomé algunas fotos más y nos fuimos al metro de camino al hotel.

DSC_5692sample.jpg

Mientras esperábamos el ascensor para subir a nuestra habitación, nos fijamos en un monitor que mostraba la visión de una cámara dentro del ascensor ¿alguno ha visto la película de terror japonesa Dark Water? Pues la rodaron en ese ascensor y con esa cámara.

Al haber llegado pronto a la habitación nos apatecía jugar a uno de los juegos de mesa que habíamos traído con nosotros. En este caso, a Osaka habíamos decidido traer Dungoneer. Se trata de un juego tipo HeroQuest (o Descent) pero con la particularidad de que el dungeon se construye con cartas y, además. en el turno de un jugador, el resto hace de Dungeon Lord (el malo). Nunca habíamos conseguido terminar una partida ya que las reglas tardan en ser digeridas. Tras tener la mesa preparada e ir leyendo la cuarta página de las reglas, le pregunté a Angela si se estaba enterando de algo. Levantó la mirada soñolienta y me dijo que no. El “bajón” asesino atacaba de nuevo. Le propuse dormir una corta siesta de 1h (eran las 22.30) y volver a intentarlo. En fin, ni 1h ni 8h. En algún momento me levanté a apagar la luz y seguimos durmiendo hasta las 7h de hoy.


Viaje a Japón 28/09/2010 – 12/10/2010. Día 3 —

En esta ocasión, parece que Angela ha escrito un resumen bastante aproximado a lo que yo escribiría así que leed primero su post y luego continuad con mis reflexiones.

dsc_5444

Los trenes japoneses no son tan “comodísimos” como Angela comenta. Son rápidos, eso sí, sobre todo su tren Nozomi, pero me resultan bastante austeros en general. Sí es cierto que de vez en cuando van pasando con unos carritos-cafetería muy cómodos.

Al contrario que en Tokio, en Osaka nos ha hecho un tiempo magnífico, demasiado calor diría yo. Esto nos permite dar los paseos que tanto nos gustan y parar espontáneamente en cualquier sitio descubierto y reclinarnos contra algún desnivel.

Osaka es una ciudad de cemento y cables y de día ni el uno ni los otros resplandecen. Es por la noche cuando aparecen todos las luces y neones. Entonces parece que gana mucho enteros porque la imaginación empieza a construir rápidamente sobre lo que no se ve y el efecto es muy atractivo.

Desde nuestra primera visita en 2006 hay ciertos elementos que constatamos que no han cambiado (esto es una reflexión general ya que entonces no estuvimos en Osaka). Uno de ellos es el gusto de los japoneses por un versión cursi o recargada de los oocidental. Esto se hace notar más especialmente en la vestimenta y las celebraciones. Por ejemplo, todos podéis imaginaros uno de esos salones de boda exageradamente horteras, con dorados, lazos inmensos, esculturas clásicas y mármoles en sitios inéditos. Tomad eso y multiplicadlo por 2 y ahora colocad a una familia “bien” japonesa encantada de haber elegido un lugar tan estupendo para la boda de su hijo.
A nosotros nos resultan mucho más atractivas las ceremonias japonesas (las bodas son sintoístas) porque es todo “diferente” pero quizá a ellos les parezca demasiado “clásico” y disfruten más de una versión caricaturizada de nuestras celebraciones. Por cierto, cuando hablo de occidental, me refiero a Europa, ahora que caigo…

Finalmente, me detendré sólo en un comentario sobre el restaurante de Okonomiyaki en el que cenamos el viernes. Estaba en un centro comercial pero eso era lo de menos. Me pareció curioso que reflejaran tan bien lo que había visto en tantos mangas o animes. El cocinero, un chaval joven, con su pañuelo a la cabeza y apenas unos pocos dientes vivos, al servicio de las planchas. La camarera, una chica “mona” muy sonriente, también joven, teñida de pelirrojo, que en la práctica sólo era una extensión del camarero ya que en un espacio tan pequeño, éste podría bastarse para cubrirlo si no fuera porque podían quemarse los okonomiyaki. No pude evitar pensar en una historia de amor imposible entre el feo y mellado cocinero y la inocente y guapa camarera. Nada muy tórrido, naturalmente.


Viaje a Japón 28/09/2010 – 12/10/2010. Día 2 —

Decidimos levantarnos a una hora temprana aprovechando que habíamos dormido una siesta de 3 horas el día de la llegada. Teníamos un desayuno incluido en la reserva del hotel y por mi parte me puse en modo “por si no vuelves a comer en tu vida”. Arroz frito, verduras con bacon, huevo duro, macedonia de frutas y tostada a tope de mantequilla y mermelada.

Para el día de transición entre la llegada del vuelo y la salida a Osaka, habíamos pensado en visitar el Jardín Botánico y la Torre de Tokio pero nos sorprendió la lluvia y tuvimos que modificar nuestros planes sobre la marcha. Teniendo yo necesidad de comprar un objetivo para la cámara, fuimos hasta Ikebukuro en busca de la tienda Miyama (surtido de segunda mano). Cometimos el error de ir por una línea de metro, la Marunouchi, que daba un rodeo inmenso para una distancia real de 3 paradas pero no nos dimos cuenta de ello hasta que volvimos unas horas después.
Miyama shop at Ikebukuro

Tras la compra del objetivo, un Nikkor 35mm f1.8 DX (al final, nuevo), deambulamos buscando el Centro de Aprendizaje sobre Emergencias, que realiza simulaciones muy realistas de terremotos y te prepara para éste y otro tipo de eventualidades. Estuvimos jugando al ping-pong entre dos localizaciones por las inexactas indicaciones de la guía Lonely Planet de Tokio y “ayudados” por un solícito pero inútil servicio de información de una estación de policía. Describir nuestro estado como “frustados” se queda algo corto. Al menos, el potente desayuno fue consumido en su totalidad.

Decidimos ir a comer a Akihabara, el distrito de electrónica de consumo que tanto atrae a los geeks occidentales. Disfrutamos paseando por las calles atestadas de puestos y tiendas con todo tipo de mercancía y no tardamos mucho en encontrar el Jangara Ramen, un minúsculo restaurante especializado en tazones de Ramen. Cuando hubimos llenado de nuevo el depósito, fuimos a tomar un café a un Excelsior y, vencidos por un agotamiento místico, resolvimos volver al hotel, en donde caímos rendidos en una señora siesta.

Esto es lo que piensa Nikon de los ninis, son realmente inútiles

Cuando nos despertamos, ya había anochecido y no teníamos mucha hambre así que hicimos algo de tiempo paseando por las calles aledañas a la estación de Shinjuku, llenas de gente joven y bares y sitios de ocio. Íbamos buscando un sitio donde cenar un postre y al final lo encontramos en la plata 5 del enorme centro comercial LUMINE, colocado justo encima de la estación de Shinjuku. En este restaurante (no recuerdo el nombre) tenían un menú tipo muy sencillo: plato principal (pasta, arroz), un pedazo de tarta a elegir (todas muy coloridas y extravagantes) y una bebida de acompañamiento (té o cafe, principalmente). Nosotros decidimos obviar el plato principal y elegir sólo tarta y bebida. El lugar era “mono” y estaba ocupado en un 90% por grupos de amigas. Si veías algún chico era por ser el novio de alguna (y entonces estaban solos). Claramente, un lugar especializado en tartas no parece ser del gusto de los chicos japoneses. Por cierto, mucho color en las tartas pero nada de sabor. Finalizamos la ronda nocturna tomando una pinta de Kilkenny (tiene guasa que aquí la encuentre y en Madrid sea tan complicado).

En cierta medida, este primer día “completo” fue un pequeño chasco porque nos llovió y tuvimos mala suerte con algunas indicaciones. Sin embargo, el volver a encontrarte con una ciudad como Tokio hace que el día sume muchos más puntos de base. Es cierto que es la tercera vez que la visitamos pero sucede como con un libro que nos encanta tanto que lo releemos cada cierto tiempo. Es cierto que nunca será como la primera vez pero las relecturas dejan paso a la percepción de otros matices y detalles que antes habían quedado eclipsados por la primera impresión. Yo lo noto sobre todo en que me muevo con mucha mayor naturalidad y aunque sea imposible pasar inadvertido entre 99.99% de población japonesa, encuentro cierto disfrute en ser yo el que toma la iniciativa y no el que se mueve por la enorme inercia de la ciudad.

En cuanto a la interacción con los japoneses, Angela poco a poco va tomando confianza. Esto será vital que avance a buen ritmo porque me apuesto lo que sea a que en más de una ocasión vamos a depender completamente de que ella entienda algo o, quizá, se haga entender, para salir airosos de alguna situación.

Mañana salimos hacia Osaka, una ciudad que fue completamente arrasada en la II Guerra Mundial y que parece que es un conjunto sin fin de hormigón y neones.


Viaje a Japón 28/09/2010 – 12/10/2010. Día 1 —

A las 04.40h del día 28 de septiembre sonó el despertador. Por tercera vez en nuestras vidas volábamos a Japón y el vuelo inicial hasta París salía de Barajas a las 07.15h.

Por miedo a que un día antes de la huelga general pudieran producirse algunos problemas en el tráfico aéreo, la estancia en París hasta la salida del vuelo a Tokio duraba cuatro horas. Dado que todo fue bien, parecieron cuatro horas “de más” pero no me arrepiento de haberlo hecho, fue como pagar un seguro y luego no necesitarlo.

De las tres veces que hemos volado a Japón ésta parece que ha sido la vez en la que más “enteros” hemos llegado. Con Air France, por cierto, hemos volado mejor que con la penosa British Airways pero no tan bien como con KLM.

Una vez en el aeropuerto de Narita, cogimos un autobús limusina y tras casi hora y media nos dejó en la enorme estación de tren y metro Shinjuku. Nuestro hotel para las primeras dos noches, el Sunroute Plaza está a apenas 5 minutos andando.

Este primer día ha sido bastante simple porque el jetlag y el cansancio fueron haciendo acto de presencia a medida que pasaban las horas. Paseos por Shinjuku, comidas ligeras en restaurantes del montón, siesta de 3.5h, paseos por Ginza, cena en sitio del montón…

Fuimos a propósito por lugares ya conocidos de forma que pudiéramos pasear tranquilamente sin miedo a desorientarnos por el agotamiento acumulado.

Mañana será realmente cuando comencemos nuestra ruta por Japón. Ahora es hora de descansar.

Podéis seguir el diario de viaje de Angela en su blog.


Reseña: Just a Geek —

En una reciente compra compulsiva en la tienda online de O’Reilly decidí apostar por este libro autobiográfico de Wil Wheaton. Compré el ebook, naturalmente, y lo estuve leyendo en el prototipo de e-reader V60 de GRAMMATA que estamos usando para un proyecto en la empresa.

Wil Wheaton no era para mí nadie hasta que tuvo un cameo en The Big Bang Theory (episodios The Creepy Candy Coating Corollary y The Wheaton Recurrence) . No recordaba que había sido un actor adolescente en Star Trek – La Nueva Generación (y me encantaba esa serie) interpretando el papel de Wesley Crusher, un cadete en el Entrerprise-D, hijo de la doctora Beverly Crusher.

Tema

La progresiva liberación de Wil Wheaton de su éxito adolescente en Star Trek  y la reafirmación de su carácter de escritor y geek.

Resumen

El libro combina en un 25%/75% antiguos extractos de su blog wilwheaton.net a principios de siglo con reflexiones e historias que ayudan a contextualizarlos. En ocasiones, Wil Wheaton juega a autopsicoanalizarse empleando esas antiguas entradas en el blog como síntomas de una tara mental. Esa tara mental es el eje central del libro y se refiere a su relación de amor-odio con su participación en Star Trek – La Nueva Generación cuando era un adolescente y su posterior decisión de abandonar Star Trek y buscar una carrera de éxito como actor, algo que nunca llegó.

Wil Wheaton, tras estudiar arte dramático durante varios años, descubre que se le ha pasado el arroz y ya no es ni reconocido ni querido en Hollywood. Se obliga a sí mismo a distanciarse de Star Trek y lo que representa y se obsesiona con probar a todo el mundo que puede hacer más cosas que el personaje de Wesley Crusher en La Nueva Generación. A ello se le suma su condición de padrastro de dos hijos a los que quiere poder mantener económicamente pero a los que sistemáticamente (junto con su mujer) “decepciona” (sentimiento interno, no de su familia) por sus continuos fracasos en decenas de audiciones en las que prácticamente siempre recibe un desolador segundo puesto.

Poco a poco, Wil Wheaton va madurando y ganando confianza en sí mismo. Ciertos eventos (su participación en la película de La Nueva Generación, Némesis, y el reencuentro con la familia de actores de la serie, la vuelta a ciertas convenciones internacionales de Star Trek, apariciones en concursos de la televisión, etc) resultan fundamentales para que deje de ver Star Trek como una pesada carga (¿y si hubiera seguido en la serie?) y la tome como una magnífica etapa profesional que ya pasó pero de la que guarda el privilegio de seguir siendo “alguien” en el mundo Star Trek. Sin aptitudes iniciales para las ciencias, Wil Wheaton se reencuentra con el ordenador, aprende los fundamentos del desarrollo de páginas web y se vuelca en la escritura de su web wilwheaton.net.

Esa proyección pública de sus sentimientos (en algunos casos, como reconoce en el libro, plagadas de medias verdades y autoengaños) lo pone en contacto con la gran comunidad de aficionados de la serie y le proporciona un vehículo de desahogo y consuelo. En ciertos momentos es esta otra gran familia en Internet la que le sirve de acicate para reinventarse a sí mismo.

Finalmente, tras una serie de desafortunados incidentes con diversas audiciones, Wil Wheaton abandona definitivamente su carrera como actor y abraza el geekismo y la profesión de escritor. Just a Geek no es su primer libro pero es el primero que centra ambos aspectos.

Opinión

El libro está correctamente escrito en un registro informal y es una verbalización directa de sus pensamientos. En ese sentido, el libro bien podría haber sido una larguísima charla bien ejecutada, algo en lo que tiene bastante experiencia Wil Wheaton y por lo que es frecuentemente invitado a congresos.

En ocasiones se hace muy repetitivo tanto el arrepentimiento por haber dejado prematuramente la serie como las exageraciones (muy en la línea yankee, claro) sobre lo genial que era tal y cual persona. Es comprensible porque el libro trata de su salida de una situación de tormento personal pero una vez que has captado el mensaje no es necesario volver una y otra vez sobre ello. Lo de las exageraciones, que se leen más en los extractos de su blog que en el resto del libro, parecen propias de alguien preocupado por quedar bien (“Seriously guys, he was the COOLEST MAN ON EARTH!”, por ejemplo).

Hay menos geekismo en el libro de lo que yo esperaba aunque hacia el final menciona su apego creciente por GNU Linux y los derechos civiles en Internet (será fan de Cory Doctorow y su libro “Little Brother”, digo yo), por lo que en ese sentido me decepcionó un poco. Por otro lado, sin embargo, cuenta numerosos detalles de dos mundos a los que no solemos tener acceso y que agradecí bastante:

  • El de los actores y los durísimos y arbitrarios procesos de selección y audiciones.
  • El de las convenciones tipo Star Trek o ComicCon desde dentro de la organización o de los invitados.

Existe un punto que me tiene sorprendido y para el que espero encontrar una respuesta clarificadora. El libro cuenta una época desde el 2000 hasta el 2003, creo recordar, pero se ha publicado en 2009. Son muchos años de diferencia y en 2009 se produjo un hito notable (creo) para él. Participó en The Big Bang Theory y lo hará en otras series del ramo como Eureka. No hay mención en el libro sobre esta vuelta a su antigua profesión, a la que decidió dejar hace años.

Independientemente de esto último, el libro me gustó mucho, se leía de corrido y proporcionaba información divertida sobre el mundo de un ex-actor trekkie. Probablemente me suscriba a su nuevo blog (el de wilwheaton.net lleva cuatro años congelado) y siga sus peripecias con información previa muy valiosa. Hay que reconocer que no debió de ser fácil para él exponerse a través de un libro sabiendo que, tras el día D de publicación, la vida sigue y todos sabemos ahora buena parte de sus dirty secrets


Reseña: El país de las Furgonetas Blancas —

Este libro, de Borja Cardelús y Muñoz-Seca y editado en 2009 por la editorial Tierra Adentro,  me lo prestó un compañero del trabajo. Me comentó que era una visión un tanto exagerada de los defectos de la sociedad española y creo recordar que hizo mención explícita al famoso tema de los funcionarios.

Durante unos meses lo dejé encima de una mesa sin encontrar el momento de leerlo y hace una semana tomé la determinación de hacerme con él y en apenas unos días (se lee muy rápido) me encontré pasando la última página.

Antes de escribir esta reseña he buscado por internet alguna otra anterior sin mucho éxito pero continuaré con esa tarea y actualizaré esta entrada si acierto a encontrarla.

Tema

La progresiva degradación de la sociedad española de principios del siglo XXI

Resumen

El libro se presenta mediante una ficticia clase universitaria en EE.UU en el año 2025 en donde el profesor presenta el caso particular de España de principios del siglo XXI, en donde se desaprovechó la segunda (la primera fue tras el descubrimiento de América) oportunidad de convertirse en una gran nación. Posteriormente, con la fórmula de entremeses teatrales, se suceden 26 capítulos temáticos en donde se enjuicia por parte del autor un elemento característico de la sociedad española mediante el empleo de personajes y situaciones arquetípicas.

Opinión

Dejando a un lado la prosa correcta y rápida idónea para un entremés, el libro es deshonesto en su promesa inicial de explicar el porqué del declive de una suerte de España ucrónica en el 2025. En los primeros capítulos del libro, con humor irregular, se presentan situaciones relacionadas con el escaso espíritu emprendedor español y la tendencia hacia su némesis, el autónomo de chapuzas y transportista (que se vale de furgoneta blanca, de ahí el título del libro). También hay hueco inmediato para la sátira del mundo funcionario, la poca disciplina y respeto en el seno familiar o el pésimo civismo de muchos vecinos españoles.

Hasta los primeros ocho entremeses, el libro parece mantenerse en línea con el prólogo y uno comienza a jugar mentalmente a adivinar el siguiente tema escogido. ¿Será el modelo de financiación autonómico? ¿tal vez la polaridad política y el efecto del voto útil? ¿se hablará de la relación con terceros países o la Unión Europea? ¿riesgo permanente de fuga de cerebros? ¿baja competitividad en modelos nearshoring? ¿comentará el autor su visión sobre España y su oportunidad perdida en Latinoamérica? ¿sobre el mermado espíritu científico y el decaimiento de las vocaciones por la Ingeniería o las ciencias puras?

No. En absoluto. Poco a poco, pero decididamente, el libro deja paso a un panfleto de sesgo político difícil de digerir sin grandes dosis de bicarbonato sódico porque del poco rastro de humor se pasa, inequívocamente, a una acidez disparada a bocajarro. Andaluces vagos, vascos etarras, sindicatos corruptos, funcionarios fraudulentos, administración pública stalinista y deshumanizada, niñas abortistas y clínicas cómplices, jóvenes de botellón y presumiendo de suspensos, policía de mentirjillas y jueces blandengues, persecución policial a los castellanoparlantes en Cataluña, mujeres que simulan maltrato para deshacerse del indefenso marido, paisanos sólo movilizados por cuestiones deportivas, treceañeras obsesionadas con perder la virginidad…

En fin, el resultado es que los impuestos son intrínsecamente malos, que el funcionario sólo cree en otra Santísima Trinidad, la Dieta, el Moscoso y la Queja Santa, que estamos sepultados por burocracia injusta y caprichosa, que los niños de hoy en día son pequeños demonios sexuales y drogadictos, que las jóvenes se convierten en máquinas de abortar y que el País Vasco quedan impunes las leyes pro-euskaldunes y los proetarras.

Vamos, un perfecto compendio de una conversación carca y demagógica.

En la contraportada del libro puede leerse «El País de las Furgonetas Blancas es una sátira, una visión humorística y descarnada de la sociedad española actual, que en lugar de encaminarse hacia el equilibrio y la prudente mesura está tomando las derivas que conducen al esperpento, volviéndose caricatura de sí misma».

Yo hubiera redactado algo así: «El País de las Furgonetas Blancas es un panfleto político-moral en donde el autor juega al despiste con un planteamiento interesante sobre una España futura desaprovechada y sin rumbo pero que finalmente no es más que la visión paranoica y apocalíptica de un autor obsesionado con unos valores y unas formas de hacer las cosas. Del por qué el autor sospecha que España no alcanzará un status superior, ni rastro, pero de que somos un país de vagos y que las niñas visten como guarras, hay para llenar dos sacas.»

En definitiva, un buen ejemplo de falacias dialécticas.


Happy Everyone Draw Mohammad Day! —

Debido a una corriente cada vez mayor de censura y amenaza por parte de religiosos islámicos radicales, en algunos países que creíamos que habían superado ya el debate sobre la importancia de la libertad de expresión, se han detectado posturas de falso relativismo moral o, directamente, miedo, relacionadas con la parodia del fundamentalismo islámico.

Al contrario que la burla de todo tipo de ideas políticas o religiosas (judaísmo, protestantismo, hinduismo, catolicismo) se percibe como un elemento más o menos afortunado de la libertad de expresión, aquéllas con destino el Islám deben pasar por numerosos filtros previos para considerarse “aceptables”.

Hoy celebramos esta iniciativa, que consiste en presentar un dibujo hecho por cada uno de nosotros del profeta Mahoma sin ninguna intención más allá de hacerlo, sin más, porque no concebimos que no se pueda hacer algo así por mucho que a otros les parezca un atentado moral o religioso.

El mío lo he dibujado directamente a mano alzada con el GIMP 🙂

Más info en Skepchick o Pharyngula.


Convocatoria de «Escépticos en el pub» – 24-04-2010 —

Publicado en el blog de Escépticos en el Pub:

La edición anterior, que lidió con una de las obras pictóricas más famosas del mundo (aunque hay gente que cree que es otra cosa), fue un éxito de crítica y público. A pesar del puente, logramos reunir a más personas que en las anteriores ediciones y conseguimos averiguar que existe una reliquia consistente en un estornudo del Espíritu Santo. Cosas veredes, Sancho, que no creyeres. Aún sin saber si en la siguiente convocatoria vamos a seguir cabiendo en The Clover House, tenemos la temeridad de anunciar la cuarta entrega de Escépticos en el Pub para el día 24 de abril (último sábado de mes, como es costumbre). Jesús Zamora Bonilla, Vicerrector de Planificación y Asuntos Económicos de la UNED, director del postgrado en Periodismo científico y comunicación científica de la misma universidad, director de DivulgaUNED, entre otras cosas, además de editor de A bordo del Otto Neurath, vendrá y nos hablará del Diseño Inteligente, con el título «Cuando el ‘filtro explicativo’ de Dembski se llenó de cal». Si alguien no identifica al tal Dembski, lo mejor será que se pase por el pub (calle Almansa, 85) el día señalado a las 19:30, hora habitual, para enterarse de la historia. La otra opción es leerse este enlace, pero seguro que será mucho menos divertido. Como de costumbre, existe un formulario para confirmar la asistencia tanto a la charla como a la cena posterior; es recomendable rellenarlo para que podamos tener una estimación. La entrada sigue siendo gratuita (y así seguirá, FSM mediante) y sólo se pide realizar al menos una consumición, aunque sea un refresco, para que los amables propietarios del pub nos sigan dejando reunirnos por la cara.

La crónica de la convocatoria anterior está colgada en el blog: Crónica de Escépticos en el Pub (27-03-2010)


Ada Lovelace Day: Roberta Williams —

El 24 de marzo es el «Ada Lovelace Day». Este día, promovido por Finding Ada, sirve al propósito de dar a conocer a mujeres de especial talento en ciencia y tecnología que, por el hecho de ser mujeres, fueron ignoradas. La idea es simple; encuentras una mujer de esas características y escribes algo sobre ella publicándolo el 24 de marzo. En realidad, no es necesario que sea por escrito, fórmulas tipo podcast o artísticas son igualmente válidas.

Dado que estoy seguro de que las mujeres más importantes tendrán cobertura más que de sobra, he preferido centrarme en “segundas figuras” y he encontrado una que me ha parecido curiosa: Roberta Williams.

Roberta Williams nació el 16 de febrero de 1953 en La Verne, en el sur de California. De pequeña tuvo siempre fama de tímida pero también era conocida en la familia por su imaginación desbordante. Muy a menudo relataba a sus padres y hermano pequeño lo que la noche anterior, en la cama, había elucubrado en sus mundos fantásticos.

En sus estudios superiores conoció a Ken Williams, con quien se casó con 19 años y con quien ha tenido dos hijos D.J y Chris.
¿Por qué elegí a Roberta Williams para el Ada Lovelace Day?
Sencillo, es una de las pocas mujeres que ha tenido un papel importantísimo en la industria y la cultura de los videojuegos. Cuando leo la (respetable) revista EDGE UK y veo las fotos “profile” de los diferentes estudios de creación de videojuegos, no es raro ver una o dos mujeres compartiendo primer plano con otros compañeros. El problema es que si te fijas en las doce o quince filas del resto de compañeros del estudio que quedan detrás, no se ve ni una. El fotógrafo, muy inteligentemente, impone un criterio de no representatividad (la foto queda más bonita pero también ayuda a favorecer ciertos roles sociales entre las mujeres). Curioso, porque las mujeres representan entre el 30% y el 40% del público jugador hoy en día…

Roberta Williams fundó, junto con su marido, la empresa On-Line Systems en 1980 que en 1982 se transformó en Sierra On-Line. Efectivamente, fue protagonista en el nacimiento de la industria de videojuegos pero no sólo eso; fue la disñadora/creadora de juegos icónicos de gran influencia posterior como: Mystery House (1980), considerada la primera aventura gráfica, la mayoría de los títulos de King’s Quest (1984-1992) y Phantasmagoria (1995), un juego de terror con escenas polémicas.
En 2002, el prestigioso portal GameSpy publicó una lista de las 30 personas más influyentes en el mundo de los videojuegos y allí, en el número 23, estaba Roberta Williams, la única mujer.

Recuerdo bien varios juegos de King’s Quest y sigo considerándolos un magnífico ejemplo de juego de aventura fantástico. La atmósfera con ciertos toques de fábula y cuentos de hadas era el perfecto compañero de los libros de literatura fantástica que uno podía leer en los 80 y 90.
Fue esta saga, King’s Quest, la que cimentó las bases para el género de las aventuras gráficas. Para hacernos una idea, otro de los hitos en este género, Maniac Mansion, de Lucas Arts, es de 1987 mientras que King’s Quest I era ya de 1984, King’s Quest II de 1985 y King’s Quest III de 1986. Loom y The Secret of Monkey Island no llegarían hasta 1990.

Roberta Williams no tenía dotes de programadora como su marido pero sabía exactamente lo que quería en cada juego y exprimía al máximo las capacidades técnicas de los ordenadores de entonces (fundamentalmente Apple). El mismísimo Jim Henson, encantado por la primera tanda de videojuegos de On-Line Systems (los llamados Hi Res Adventures) le propuso crear el juego Dark Crystal, que acompañaría a la película del mismo nombre que se estaba rodando. Roberta Williams aceptó encantada y fue invitada al estreno y a conocer a Jim Henson en persona.

La empresa Sierra On-Line iba viento en popa en la segunda mitad de los 80 y en 1988 Roberta Williams tomó una decisión importantísima para King’s Quest IV; la protagonista sería una mujer, la Princesa Rosella. Esto convirtió al juego King’s Quest IV en el primer videojuego gráfico en presentar a una mujer como protagonista. Muchos empleados de la propia Sierra On-Line y expertos de la industria lo consideraron un error fundamental pero Roberta Williams sostenía que a la mayoría de los hombres el sexo del protagonista les era indiferente y había también muchas mujeres jugadoras que solicitaban un protagonista femenino. El juego fue un éxito total y facilitó el camino para el cambio de los estereotipos sexuales en los protagonistas de videojuegos.
En 1990, Roberta Williams diseñó y publicó King’s Quest V, un nuevo referente en las aventuras gráficas que consiguió vender la epectacular cifra de 500.000 de copias. Por otro lado, King’s Quest VI, publicado en 1992, es considerado por el público y la crítica como el mejor juego de toda la saga.

En 1995, Roberta Williams publicó Phantasmagoria, un enorme juego de terror con la última tecnología de grabación digital de actores sobre croma que ocupaba 7 CDs. Este juego vendió 1 millón de copias pero también recibió duras críticas de la prensa por ser demasiado explícito en algunas escenas de violencia y, en particular, por mostrar una escena de violación.

En los años sucesivos, Sierra Online fue vendida y Roberta Williams pasó a ser colaboradora en algunos juegos de la nueva dirección de la compañía. Su último trabajo fue “King’s Quest, The Mask of Eternity” que aunque se vendió bien no fue la revolución en la que confiaba Roberta por su adopción de tecnologías 3D (las tarjetas gráficas de la segunda mitad de los 90 ya toleraban bien esta fórmula).

Roberta Williams es conocida como “The Queen of Adventure Gaming” y, tras retirarse en 1999 y dedicarse a viajar y a escribir junto con su marido, Ken, sigue siendo reconocida como una pionera en la industria del videojuego. Sin su iniciativa ya en 1980 ni la creación de la empresa Sierra On Line, sería difícil imaginar un panorama de videojuegos semejante hoy en día. Su talento para el diseño de videojuegos, las tramas elaboradas o sus apuestas tecnológicas y personales la configuran como una personalidad histórica no siempre reconocida fuera de círculos expertos.

Dejo dos elementos controvertidos para el final. Por un lado, su aparición en la portada del juego Softporn, de On-line Games (la de la derecha) y, por otro, sus comentarios en alguna entrevista en la que reconocía que ella diseñaba juegos para gente madura y con cierta cultura, lo que le ha valido críticas por su elitismo. El escrito exacto es éste:

Back when I got started, which sounds like ancient history, back then the demographics of people who were into computer games, was totally different, in my opinion, then they are today. Back then, computers were more expensive, which made them more exclusive to people who were maybe at a certain income level, or education level. So the people that played computer games 15 years ago were that type of person. They probably didn’t watch television as much, and the instant gratification era hadn’t quite grown the way it has lately. I think in the last 5 or 6 years, the demographics have really changed, now this is my opinion, because computers are less expensive so more people can afford them. More “average” people now feel they should own one.

Podéis leer dos entrevistas en estos dos enlaces: #1 (1999) y #2 (2006).

Roberta Williams no tuvo formación científica en absoluto pero estuvo rodeada de ingenieros, físicos y matemáticos y les sirvió de liderazgo e innovación para unir el mundo técnico y el creativo. Probablemente por esto último no pueda ser una candidata idónea para el Ada Lovelace Day pero estoy seguro de que el espíritu de la iniciativa se mantiene intacto.


Reseña: La Guerra del Anillo (The War of the Ring) —

Ayer jugué por primera vez a la edición en español del juego de tablero The War of the Ring (La Guerra del Anillo). El juego original, editado en España por la empresa Devir, está ambientado en el final de la Tercera Edad de la Tierra Media, en la época en la que se desarrolla la historia del El Señor de los Anillos.

El juego,  sin influencias peliculeras, contiene trabajo artístico de John Howe y la estética recuerda mucho a cómo se representaba el mundo tolkieniano en los noventa. En sí, es un juego para dos jugadores, aunque permite llegar a tres o cuatro. Éstos se alternan un turnos corales para mover tropas, jugar a la política y manejar a la Compañía del Anillo (avanzarla en secreto o corromperla).

El tablero es bastante grande y representa el noroeste de la Tierra Media dividido en reinos y regiones. Además, hay multitud de ciudades, villas y protecciones además de bastiones especiales que tienen un gran protagonismo estratégico.

En una partida con dos jugadores, uno controla a La Sombra y otro Los Pueblos Libres. La Sombra se compone de Sauron, Saruman y los Hombres del Sur y del Este. Los Pueblos libres, a cambio, aglutinan a Rohan, Gondor, el Norte, los Elfos y los Enanos. Esto se representa sobre todo por la presencia de los ejércitos en diferentes localizaciones y las capacidades limitadas (Pueblos Libres) o ilimitadas (La Sombra) de reclutamiento.

En las partidas de tres o cuatro jugadores, Los Pueblos Libres y La Sombra se fraccionan intentando mantener un equilibrio de poder en el juego. En el caso de cuatro jugadores, por ejemplo, uno lleva a Gondor y los Elfos, otro Rohan con el Norte y los Enanos, otro al Rey Brujo y el último a Saruman y los Hombres del Sur y del Este. La victoria pasa a ser objetivo de cada equipo (bueno o malo) y no del jugador particular.

La disposición inicial del juego es la siguiente:

La Guerra del Anillo (The War of the ring): Initial setup
Read the rest of this entry »


Review of Skeptics in the Pub: Madrid 30/01/2010 —

Summary: Last Saturday, the first Skeptics in the Pub event in Spain took place in Madrid. Nearly 60 people attended the meeting to talk about the proposed theme ‘Astrology’. After the 20-minute speech, everyone joined the debate and was soon exchanging points of view of how Astrology was absurdly present in today’s world. As 100% of the audience turned out to be skeptic-minded, the debate followed a consistent path of self-criticism and daring proposals. Before the end, a hobbyist magician performed some well-known Uri Geller’s tricks, later explaining the rather dullness of the underlying technique. The first Skeptics in the Pub in Madrid was considered a total success though some limitations mostly regarding audio problems should be fixed in the future. The Madrid Skeptics in the Pub group plans to hold at least one event bimonthly.

Read the rest of this entry »


Reseña: «Little Brother», de Cory Doctorow —

No he querido leer ninguna reseña antes de leer la mía, ni siquiera la de Angela. “Little Brother” es un libro especial y si te deja indiferente es que estás en otra liga generacional (aunque compartamos edad). El argumento es relativamente sencillo de explicar: un atentando terrorista de enorme magnitud sobrecoge a San Francisco y las medidas policiales que se adoptan posteriormente recortan derechos civiles fundamentales en beneficio de una promesa de seguridad y captura de los responsables y sus simpatizantes. Un chico de 17 años, al que le gusta trastear con los ordenadores y los gadgets se ve involucrado de lleno en una trama de espionaje, secretismo y movilización que emplea, en parte, una red de Internet paralela llamada Xnet.

Desde el punto de vista literario, la novela no destaca especialmente y en muchos puntos detecto los síntomas claros de un autor que tiene demasiada prisa por avanzar y librarse de las palabras e ideas que se agolpan en su cabeza (el libro lo escribió en dos meses sin apenas descanso). A pesar de ello, es muy agradecida y tiene diálogos brillantes o descripciones muy acertadas. En ciertas partes se torna pedagógico ya que el autor considera vital que se comprenda bien la tecnología que subyace a ciertos puntos del argumento.  En mi caso llovía sobre mojado pero, salvo la explicación de criptografía de llave pública, todas me parecieron más que acertadas y hasta entretenidas. La acción se desarrolla en San Francisco y, tras realizar un viaje allí, era magnífico visualizar las calles y localizaciones por las que se mueven los protagonistas. Reconozco que esto multiplicó los efectos positivos de la historia pero, a juzgar por el carácter de libro de culto en la cultura geek-nerd-hacker, creo que no fue decisivo para mi veredicto.

El libro es una apología de los derechos civiles. La privacidad, el derecho a ser diferente, a no cumplir la norma y a disentir. En el eterno debate sobre Privacidad vs Seguridad, el libro defiende la primera y no renuncia a la segunda. En los tiempos que corren, cuando al mismo tiempo que en los aeropuertos instalan cabinas que te “desnudan”, en un vuelo retrasado de Bilbao a Barajas nadie me pidió el DNI para embarcar, piensas en la expresión “Security Theatre” y te das cuenta de la espiral de paranoia a la que estamos siendo conducidos.

El ciberactivismo desplegado en el libro es sano y motivador. No hay falacias lógicas evidentes y Cory Doctorow se asegura de poner en boca de otros personajes los mejores argumentos a favor de un estado semipolicial. Los métodos para asegurar la intimidad y el anonimato se vuelven críticos para la supervivencia y te sientes identificado con la tecnología y los valores que se ponen en práctica.

El protagonista tiene 17 años y en el libro hay claramente una crítica contra los adultos (yo entraría en esa definición) pero bien podría tener 25 ó 30 y no perder un ápice de interés. Quizá, eso sí, dificultara un poco el juego del enamoramiento adolescente 🙂

Es un libro que está “al día” pero es posible que pierda actualidad en unos años. Por ello, recomiendo encarecidamente su lectura ya mismo. No esperes, deja momentáneamente lo que estés leyendo y ataca este libro (no es muy extenso). Puedes descargarlo en http://craphound.com/ y tiene licencia Creative Commons. No sé si hay traducción “aceptable” en español pero no emplea un inglés muy elaborado.

Creo que fue curioso que el destino quisiera que terminara de leerlo en un aeropuerto, aunténtico panteon de la locura antiterrorista, en el ebook reader que tenemos desde hace unos años y que compramos… en el viaje a San Francisco.


Escépticos en el pub – introducción —

Es 1999. En un pub de Londres se celebra la primera edición de Skeptics in the pub, de la mano del Dr. Scott Campbell. Es una reunión informal con un formato sencillo: un orador da una charla corta sobre un tema determinado (escogido y anunciado de antemano), y luego las discusiones se siguen a pie de barra, entre pinta y pinta. Poco después comienzan a surgir eventos hermanos en otras ciudades inglesas, para luego dar pie a más ediciones en localidades de Europa, América del Norte, Canadá, África, Australia y Nueva Zelanda.

A finales del año pasado, desde ARP-SAPC, se comenzó a barajar la posibilidad de inaugurar el primer evento de este tipo aquí en España. En Madrid, concretamente.

Después de un par de reuniones preventivas en el lugar escogido, podemos decir, no sin temblores nerviosos, que el día 30 de enero, sábado, se celebrará la primera entrega de Escépticos en el pub – Madrid, en el pub The Clover House (calle Almansa, 85) a las 19:30 (y sin una hora de finalización definida). El tema escogido para la inauguración será algo tan genérico como La Astrología y correrá a cargo de Ismael Pérez Fernández. La asistencia está abierta a todo el que tenga curiosidad por saber por qué la carta astral es una chufa y por comprobar que los escépticos somos tipos hasta majos (y algunos, dicen, incluso tienen ropa de colores, pero yo no los he visto); y cuantos más seamos, mejor.

No hay que pagar por la entrada (de hecho, no hay entrada: la planta de arriba del pub es nuestra si conseguimos engañar convencer a suficientes personas), pero sí se recomienda confirmar asistencia para saber si es viable la utilización de la planta superior del Clover House o no. Para llevar mejor el recuento de (potenciales) asistentes, se ruega enviar confirmación a esta dirección de correo.

Actualización: hay ciertas variaciones respecto al plan inicial. Aunque la hora de cierre sigue siendo indeterminada, la planta superior (que es la que tenemos reservada) debe desalojarse antes de las 21:30 porque en el pub sirven cenas. Si alguien tiene pensado quedarse a cenar, rogamos avise al enviar confirmación para poder dar una estimación al dueño del bar. También, aunque la entrada sigue siendo gratuita, los dueños del bar sí que nos han dicho que lo óptimo sería que cada asistente se tomase “un algo” (aunque sea un refresco, vaya) a lo largo de la tarde. Imaginamos que eso no será un problema, pero creemos que no está de más comentarlo.




Diferentes tipos de templos —




The Splendid Library

Originally uploaded by magic fly paula

En un reciente viaje a Portugal quise volver, aunque fuera fugazmente, a Coimbra 12 años después de un congreso del IAPS. Volví a disfrutar de la sensación espectacular que me invadió entonces cuando entré en la Biblioteca Joanina construida en el siglo XVIII.

La mandíbula inferior se cayó sola y mi respiración se quedó en un mínimo vaivén pulmonar mientras mi cuello se esforzaba en girar más allá del ángulo permitido por la anatomía.

En sí, la biblioteca no es enorme pero es precisamente su estructura en tres cámaras y dos alturas la que lo hace hasta cierto punto manejable, como si pudiera ser propiedad tuya en algún futuro afortunado.

Pasados unos minutos, repasando las hileras de libros, los mecanismos de escaleras, las enormes mesas de estudio y los techos con pinturas, le comenté al oído a Angela:

«Claramente, las supuestas sensaciones místicas que golpean a los creyentes al visitar templos religiosos y que a menudo asocian a una presencia celestial puede ser no sólo empatada sino superada por lo que otros experimentamos al entrar en templos de saber y conocimiento como éste»

Respeté la prohibición de no hacer fotos así que ilustro este post con una prestada.


Antiguo mecanismo de reloj de la Catedral de Huesca —




Huesca Cathedral / old tower clock mechanism

Originally uploaded by aranarth

Los relojes, con sus mecanismos de ruedas dentadas siempre han tenido un aire de “invento” histórico. Sin electricidad (tan mágica como quita-magias), todo se vuelve más artesano y necesitado de precisión.

Esta foto la tomé en el reciente viaje a Huesca. Se trataba de un montón de hierro colocado semiescondido en uno de los descansos de los 180 escalones en la escalera de caracol de su torre principal.

Otros que pasaban antes o después de nosotros, asomaban la nariz y al ver este amasijo viejo consideraban que no merecía la pena y continuaban su camino.

El reloj marcaba una hora imposible, como si una vez roto se hubiera rebelado contra las convenciones temporales.